Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

sábado, 6 de octubre de 2007

Relatos de Belcebú a su Nieto. Capítulo 32. El Hipnotismo de la humanidad

En la publicación de este fragmento de Gurdjieff me limitaré sólo a resaltar en negrita unas líneas. El resto lo dejo, como quería el maestro, a la comprensión del lector que sólo se realiza pensando profundamente y conociendo el Cuarto Camino. El esfuerzo necesario a relizar vale la pena.

George Gurdjieff. Relatos de Belcebú a su Nieto. Capítulo 32. El hipnotismo


—Así pues —siguió Belcebú—, durante mi sexta y última estancia en la superficie del planeta Tierra, decidí permanecer allí durante un período más largo, y llegar a ser uno de sus médicos profesionales. Por ello me hice médico, pero no como la mayoría de ellos, sino que escogí la especialidad que ellos llaman «médico hipnotizador».


Quise ser médico profesional, primero porque en estos últimos siglos, ellos son los únicos que tienen acceso a todas las «clases o castas» de que te he hablado, y por otra parte, porque como inspiran confianza y gozan de gran autoridad, predisponen a los seres ordinarios a la sinceridad, lo cual les permite penetrar en su «mundo interior», como dicen ellos.


Escogí además esa profesión porque me ofrecía la posibilidad, no sólo de lograr mis fines, sino también de brindar alivio médico a algunos de aquellos desafortunados.


Verdaderamente, querido nieto, la necesidad de tales médicos, en los últimos tiempos es cada vez mayor, y ello ocurre en todos los continentes y entre todos los seres, a cualquier clase que pertenezcan.


Debo decirte que yo tenía ya bastante experiencia en esa especialidad, habiendo tenido que recurrir más de una vez a los procedimientos empleados allí por ese tipo de médicos, en la época en que yo trataba de dilucidar ciertas sutilezas del psiquismo de tus favoritos.


En otros tiempos tus favoritos, al igual que los demás seres tricerebrados de todo el Universo, no tenían la particular propiedad psíquica que permite ponerlos en lo que se llama «estado hipnótico». Esta propiedad la han adquirido como resultado de ciertas combinaciones que se efectúan en su psiquis debido a la desarmonía del funcionamiento de su presencia común.


Esta extraña propiedad psíquica surgió poco después del desastre de la Atlántida, y se fijó definitivamente en la presencia de cada uno de ellos a partir del momento en que su «Zoostat», es decir, el funcionamiento de su «consciente eseral», se dividió para formar poco a poco dos conscientes distintos que no tienen nada en común entre sí y que ellos llamaron, al primero, simplemente el «consciente», y al segundo, cuando finalmente se dieron cuenta de él, el «subconsciente».


Si te esfuerzas en captar bien, y transmutar en las correspondientes partes de tu presencia común todo lo que me dispongo a explicarte, podrás comprender casi la mitad de las razones por las cuales el psiquismo de tus favoritos, esos seres tricerebrados que pueblan el planeta Tierra, terminó por volverse un fenómeno tan singular.


Dicha particularidad psíquica de caer en «estado hipnótico» es inherente, como acabo de decirte, sólo a los seres tricerebrados de tu planeta; así que puede decirse que si ellos no existieran, en ninguna otra parte de nuestro Gran Universo habría ni siquiera la idea eseral de lo que es el «hipnotismo».


Antes de explicarte más todo esto, conviene subrayar que durante los últimos veinte siglos, casi la totalidad del proceso de la existencia de vigilia ordinaria de la mayoría de los seres tricerebrados que te interesan, y sobre todo de los contemporáneos, ha transcurrido bajo la influencia de esa propiedad heredada; sin embargo, ellos llaman «estado hipnótico» sólo al estado durante el cual el proceso debido a esa propiedad extraña se efectúa en ellos de manera acelerada, generando resultados concentrados. Los resultados incoherentes, que en el proceso ordinario de su existencia acarrea esa propiedad recientemente fijada en ellos, no atraen su atención, o como dirían ellos mismos, no les «saltan a la vista», por una parte, porque debido a la falta de un normal perfeccionamiento de sí, no tienen ninguna amplitud de visión y por otra parte, por ser seres cuyo surgimiento y existencia están sometidos al principio Itoklanoz, se les ha hecho propio «olvidar con suma rapidez todo lo que perciben».