Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

domingo, 25 de noviembre de 2007

¿Quién puede comenzar el Trabajo?

Comentarios al capítulo XII de “El Cuarto Camino” de P. D. Ouspensky.

«Ahora es tiempo de que piensen sobre todo lo que oyeron desde el punto de vista de lo que es más importante, es decir, buscar el centro de gravedad en todas las diferentes ideas que estudiaron y tratar de hallar los puntos principales, porque, como en todo lo demás, hay puntos más importantes y menos importantes. Hay cosas auxiliares que les ayudan a entender los puntos principales, y hay puntos principales que determinan el todo. Ahora es tiempo de distinguir entre ellos.»
En efecto, en el Trabajo se parte del principio de Jerarquía en todos los planos del Universo y en los planos del ser humano. Existe jerarquía en todo y esta idea de jerarquía es la que fundamenta la idea de pensamiento relativo. Por tanto, éste no se refiere al relativismo donde nada es verdad ni es mentira, sino muy al contrario a que, como existe la verdad, ésta fundamenta una serie de verdades relativas a ella misma que son más o menos importantes en razón de la verdad principal del Hombre, del Cosmos, del Absoluto y de la vida humana. En todo hay verdades esenciales y cosas accesorias, accidentales, no relevantes. Por ejemplo en la atracción de la gravedad son fundamentales la constante de gravitación universal “G”, las masas de la Tierra y del cuerpo que es atraído, así como la distancia que separa al objeto de la Tierra, pero no el color del objeto atraído por la Tierra.
«Las cuestiones correctas, los problemas correctos son los que se refieren al ser y al cambio del ser, cómo hallar los lados débiles de nuestro ser y cómo luchar contra ellos. Debemos entender que, antes de adquirir conocimiento nuevo, debemos darnos cuenta de nuestras limitaciones y del hecho de que nuestras limitaciones son realmente limitaciones de nuestro ser. Nuestro conocimiento permanece en el mismo nivel. Crece en cierta dirección, pero este crecimiento es limitadísimo. Debemos ver en qué campo restringido vivimos, siempre engañándonos, siempre imaginando cosas que son diferentes de lo que somos. Pensamos que es facilísimo cambiar algo, pero sólo cuando lo intentamos sinceramente nos damos cuenta cuán difícil, cuán casi imposible es. La idea del cambio del ser es la idea más importante de todas. Las teorías, los sistemas, los diagramas son sólo una ayuda; ayudan a la concentración y a pensar bien, pero sólo puede haber un solo objetivo real, y ese es cambiar nuestro ser, pues si queremos cambiar algo en lo que entendemos del mundo, debemos cambiar algo en nosotros mismos.»
El cambio del ser, de nuestro ser, es en el Trabajo una idea fundamental o en cierto aspecto la idea más importante de todas. No nos sirve de nada todo el conocimiento del mundo si no lo aplicamos al cambio de nuestro ser. Si seguimos siendo los mismos: iguales de infelices, de egoístas, de vacíos, de faltos de ideas. Si seguimos con la sensación de que el tiempo se nos escapa y que nos falta algo importante. Si seguimos sin encontrar sentido a este ir y venir y a este consumir por consumir. Todos los libros, toda la tecnología, toda la importancia de los cargos que consigamos, todos los chalets de 3.000.000 de euros; todo el dinero, los honores y placeres, no nos darán ni un ápice de plenitud interior si no realizamos un esfuerzo de cambio de ser, si no nos observamos, si no fabricamos en nosotros energías superiores que nos llenen de comprensión, de amor, de actividad a favor de los demás.
«A este respecto, lo que es interesante, y lo que me gustaría expresar es la división de los hombres desde el punto de vista de la posibilidad de cambiar el ser. Tal división existe. Está particularmente conectada con la idea del Sendero o Camino. ¿Recuerdan que se dijo que, desde el momento en que uno se conecta con la influencia C, empieza la escalera, y que, sólo cuando el hombre llega a la cima de ésta, se llega al Sendero o Camino? Se formula una pregunta sobre quién es capaz de subir esta escalera, ascenderla y llegar al Camino. El señor Gurdjieff respondió usando una palabra rusa que puede traducirse como "Amo de Casa". En la literatura india y budista este es un tipo muy definido de hombre y un tipo de vida que puede llevar a uno hasta el cambio del ser. "Snataka" o "Amo de Casa" significa simplemente un hombre que lleva una vida corriente. […]. Sólo de entre tales hombres provienen los que son capaces de subir por la escalera y alcanzar el Sendero.»
Por tanto, la condición primera para que alguien sea apto de comenzar la escalera que lo llevará al inicio del Sendero es que se trate de una persona normal: Trabaja (es decir se gana la vida con su esfuerzo, no a costa de nadie), tiene capacidad de relacionarse normalmente, sigue las reglas normales de la sociedad, etc.
«Las otras personas se dividen en dos categorías: primera, los "vagabundos", y segunda, los "lunáticos". Los vagabundos no significan necesariamente personas pobres; pueden ser ricas y, sin embargo, ser "vagabundas" en su actitud para con la vida. Y un "lunático" no significa un hombre privado de la mente corriente: puede ser un estadista o un profesor. Estas dos categorías no son buenas para una escuela y no se interesarán por ésta; los vagabundos, porque en realidad no se interesan por nada: los lunáticos, porque tienen valores falsos. De modo que, si intentan ascender la escalera, sólo se caen y rompen el cuello. Primero es necesario entender estas categorías desde el punto de vista de la posibilidad de cambiar el ser, de la posibilidad del trabajo de la escuela. Esta división significa sólo una cosa: que las personas no están exactamente en la misma posición en relación con las posibilidades del trabajo. Hay personas para las que existe la posibilidad de cambiar su ser; hay muchas personas para las que esto es prácticamente imposible, porque llevaron su ser a un estado tal que, en ellas, no hay punto de partida; y hay aún personas pertenecientes a una cuarta categoría que, por diferentes medios, ya han destruido toda posibilidad de cambiar su ser. Esta división no es paralela con ninguna otra división. Pertenecer a una de las tres primeras categorías no es permanente y puede ser cambiado, pero uno puede llegar al trabajo sólo desde la primera categoría, no desde la segunda o la tercera: la cuarta categoría excluye todas las posibilidades.»
Aunque este párrafo es suficientemente claro, no estará de más que aclare algunos puntos: El vagabundo no se interesa por nada en serio, no da valor a nada o da el mismo valor relativista a todo. No tiene en realidad valores ni admite jerarquía de ningún tipo en la vida. Puede tener cualquier tipo de trabajo o estar tirado en la calle, da igual, lo importante es su actitud interior. Esta actitud le hace inválido para el Trabajo mientras no la cambie. El lunático en cambio se aferra a ciertos conceptos. Tiene valores pero no son los auténticos valores. Son ideas formativas en el sentido del Trabajo, ideas surgidas mecánicamente en la vida con un valor relativo dentro de la vida pero que el lunático las absolutiza en un momento dado sin ser auténticos valores profundos y les da una importancia suprema que no tienen: por ejemplo a los honores, al protocolo, a las clases sociales, etc. Todo esto tiene su valor, pero no son auténticos valores fundamentales.
«[…]. Cuando entiendan estas categorías, y las descubran en su propia experiencia, entre sus amistades, en la vida, en la literatura, entenderán esta cuarta categoría de personas. En condiciones corrientes, en tiempos corrientes, son tan sólo delincuentes o lunáticos reales, nada más. Pero en ciertos períodos de la historia, tales personas desempeñan muy a menudo un papel principal: pueden adquirir poder y convertirse en gente importantísima. Pero, por el momento, debemos dejarlas y concentrarnos en las primeras tres categorías.»
Debemos estudiar las figuras del vagabundo y del lunático en nosotros mismos, en los rasgos de ellos que todos poseemos. Sólo así podremos descubrir luego estos rasgos en los demás en mayor o menor medida y saber a qué atenernos, naturalmente sin juzgarlos.La cuarta categoría se puede resumir en uno de sus grados extremos poniendo de ejemplo a Hitler o a determinados científicos que por dinero son capaces de trabajar en armas de destrucción masiva para ponerlas en manos de algún jefe de Estado sabiendo que son para matar inocentes o al propio Saddam o cualquier otro personaje que ponga su poder por encima de las vidas o el bienestar de los demás. Algunos de estos pueden estar al frente de países llamados democráticos.
«[...]. Pero usted ve que, en cada uno de nosotros, hay rasgos de vagabundo y de lunático. Eso no significa que, si estamos conectados con una escuela, ya estamos libres de estos rasgos. Estos juegan un papel importante en nosotros y al estudiar al ser debemos descubrirlos: debemos saber de qué modo impiden nuestro trabajo, y debemos luchar con ellos. Esto es imposible sin una escuela. Como dije antes, los vagabundos pueden ser no solamente ricos; pueden estar muy bien establecidos en la vida y ser aún vagabundos. Los lunáticos pueden ser personas muy instruidas y ocupar en la vida una gran posición, y ser aún lunáticos.P. ¿Uno de los rasgos de un lunático es que quiere ciertas cosas fuera de proporción con otras cosas, de modo tal que, en conjunto, eso será malo para él?R. "Lunático" significa un hombre que corre siempre detrás de valores falsos, que no tiene discriminación correcta. Es siempre formativo. El pensamiento formativo es siempre defectuoso, y los lunáticos se consagran particularmente al pensamiento formativo: esa es su principal afición en un sentido, u otro. Hay muchos modos diferentes de ser formativo.P. ¿En uno mismo, el lado vagabundo es una suerte de irresponsabilidad que está preparada a lanzarlo todo por la borda?R. Muy cierto. A veces, eso puede tomar formas muy poéticas: "En el mundo no hay valores", "Nada vale nada", "Todo es relativo": esas son las frases favoritas. Pero, en realidad, el vagabundo no es tan peligroso. El lunático es más peligroso, puesto que significa valores falsos y pensamiento formativo.P. ¿Qué es lo que determina a qué categoría pertenece un hombre? R. Cierta actitud hacia la vida, hacia la gente, y ciertas posibilidades que uno tiene. Es lomismo para todas las otras tres categorías. La cuarta categoría es separada. Sobre esta cuarta categoría, le daré tan sólo unas pocas definiciones. En el sistema, esta categoría tiene un nombre especial, consistente en dos palabras turcas: "Hasnamuss". Una de las primeras cosas sobre un "Hasnamuss" es que nunca vacila en sacrificar a la gente o en crear una enorme cantidad de sufrimiento, tan sólo por sus propias ambiciones personales.Cómo es creado un "Hasnamus", es otra cuestión. Empieza con el pensamiento formativo, siendo un vagabundo y un lunático al mismo tiempo. Otra definición de un "Hasnamuss" es que está cristalizado en los hidrógenos equivocados. Esta categoría no puede interesarle prácticamente, porque no tiene nada que hacer con tales personas; pero se encuentra con los resultados de la existencia de ellas.Como dije, para nosotros es importante entender las categorías segunda y tercera, porque en nosotros encontramos rasgos de ambas, especialmente de la tercera. A fin de luchar contra la segunda, que es el vagabundo, se necesitan la disciplina de la escuela y una disciplina interior general, porque en un vagabundo no hay disciplina. En un lunático puede haber una gran cantidad de disciplina, sólo que de clase equivocada: toda formativa. De manera que la lucha con el pensamiento formativo es lucha contra lo lunático que hay en nosotros, y la creación de la disciplina y la autodisciplina es lucha contra el vagabundo que hay en nosotros. En cuanto a las características de un hombre de la primera categoría, es la del amo de casa: para empezar, es un hombre práctico; no es formativo; debe tener cierta cantidad de disciplina, de otro modo no sería lo que es. De manera que el pensar y la autodisciplina son características de la primera categoría. Tal hombre tiene bastante de éstas para la vida corriente pero no bastante para el trabajo, de modo que en el trabajo estas dos características deberán aumentar y crecer. El amo de casa es un hombre normal, y un hombre normal, dadas las condiciones favorables, tiene la posibilidad de desarrollo.»
No realizaremos ningún comentario especial a esta última y larga cita. Es muy reveladora por sí misma. Esforcémonos por descubrir en nosotros, pensando en ellos, los rasgos del vagabundo y del lunático (el Trabajo es trabajo práctico; es para realizarlo, para hacerlo). Después tratemos, en días posteriores, de hallarlos en personas de nuestra familia y amigos.Por otra parte, sigamos observando nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras reacciones ante los demás; observemos qué posturas adoptamos, si estamos contraídos y gastando cantidades ingentes de energía. Observemos cómo andamos; observemos nuestra charla mecánica y tratemos de cortarla: hablar comedidamente y pensando lo que se dice. Tratemos de detener la charla interior y, finalmente, una o dos veces al día, procurar hacer el vacío total en nuestros pensamientos y tratar de obtener el recuerdo de sí.