Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

jueves, 19 de junio de 2008

Karma, Capítulo III. Annie Besant.


Capítulo III
Los Planos de la Naturaleza

Para estudiar las operaciones del karma, se­gún la norma indicada por el Maestro, hemos de tener claro concepto de los tres planos o mundos inferiores del universo o de la Natu­raleza, y de los Principios (1) con ellos rela­cionados. Los nombres que se les dan indican el estado de conciencia en ellos actuante.

Puede ayu­damos a la comprensión un diagrama de los planos con los Principios correspondientes, y con los vehículos en que una entidad cons­ciente es capaz de actuar en ellos. El Ocultis­mo práctico le enseña al estudiante a visitar dichos planos, y por medio de su propia inves­tigación transmutar la teoría en positivo cono­cimiento.

El vehículo inferior, el cuerpo denso, le sirve a la conciencia para actuar en el mundo fí­sico, y en este mundo queda limitada la con­ciencia por las capacidades del cerebro. El tér­mino "cuerpo sutil" denota las modalidades del cuerpo astral correspondientes a las diver­sas condiciones del complicado mundo psíqui­co.

En el mundo o plano devachánico hay dos niveles distintamente definidos: el rúpico o con forma y el arrúpico o sin forma. En el nivel inferior, la conciencia se vale de un cuerpo ar­tificial, el mayavirrupa; pero conviene mejor el término cuerpo mental, porque denota que su materia constituyente pertenece al plano manásico. En el nivel superior, la conciencia se vale del cuerpo causal. Del plano búdico no hay necesidad de tratar.

La materia de estos planos no está en el mismo grado de vibración; y en general, la de cada uno de ellos es más densa que la del in­mediatamente superior, de conformidad con la Naturaleza, pues la involución o curso des­cendente de la evolución procede de lo rarifica­do a lo denso, de lo sutil a lo grosero. Además, numerosas jerarquías de seres ha­bitan en estos planos, desde las superiores In­teligencias del mundo espiritual hasta los ín­fimos elementales subconscientes del mundo físico.

En todos los mundos, el espíritu y la ma­teria están entre fundidos, de suerte que cada partícula tiene por cuerpo la materia y el es­píritu es su vida. Todas las independientes agregaciones de partículas, toda separada for­ma de cualquier tipo, clase y especie están animadas por dichos seres vivientes cuyo grado corresponde al de la forma. No hay forma alguna que no esté así ani­mada; pero la animadora entidad puede ser una elevada Inteligencia, un ínfimo Elemen­tal o cualquiera entidad de las innumerables huestes existentes entre ambos extremos.

Las entidades de que principalmente vamos a tratar ahora son las del plano psíquico, lla­mado también mundo o plano astral, pues pro­porcionan al hombre el cuerpo de deseos o cuerpo de sensación y vivifican los sentidos astrales. Son estas entidades los elementales de la forma del mundo animal, llamados en sáns­crito rupa devatas, que motivan la transmu­tación de las vibraciones en sensaciones.

La más notable característica de los elementales kámicos es la sensación o facultad de percibir y responder a las vibraciones; y en el plano astral abundan dichas entidades, de diversos grados de conciencia, que reciben toda clase de impresiones y las transmutan en sensaciones. Así pues, todo ser que posea un cuerpo en ­el cual residan estos elementales, será capaz de sentir, y el hombre siente por medio de un tal cuerpo. El hombre no es consciente de las partículas de su cuerpo físico ni tampoco de sus células, que tienen conciencia propia y llevan a cabo los procesos de la vida vegetativa; pero el in­dividuo cuyo cuerpo físico constituyen dichas células no participa de su conciencia, ni las ayuda ni las estorba en su trabajo fisiológico de asimilación y desasimilación ni en ningún caso podría identificar su conciencia con la de una célula de su corazón, para saber exacta­mente cómo opera.

La conciencia del hombre actúa normalmente en el plano psíquico, y aun en las re­giones superiores de este plano, la mente hu­mana funciona entremezclada con kama, pues en el plano psíquico o astral no puede actuar la mente pura. El plano psíquico o astral está henchido de elementales análogos a los que construyen el cuerpo astral del hombre y de los animales. Por medio del cuerpo astral se relaciona el hombre con los elementales del deseo y con los objetos exteriores que le inspiran atracción o repulsión. Por medio de su voluntad, sus emociones y deseos influye el hombre en los elementales que responden sensorialmente a todos los estremecimientos emotivos que emite en todas direcciones. El cuerpo astral del hombre funciona como un instrumento que transmuta en sensaciones las vibraciones procedentes del exterior, y en vibraciones los sentimientos procedentes del interior.

(1) Véase el Manual Teosófico de la misma autora.