Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

jueves, 30 de julio de 2009

Ideología y eticidad en Paul Ricoeur


En este segundo artículo basado en mi trabajo de doctorado Identidad y Ética desearía reflexionar sobre las relaciones entre los conceptos de ideología y utopía.

En sentido corriente todo el mundo medianamente instruido tiene una idea de lo que es una ideología. Es un conjunto de ideas que pretende formar un sistema más o menos estructurado para dirigir la acción en algún sentido, es decir, con algún tipo de objetivo; dentro de las ideologías políticas, evidentemente, un objetivo político.

En Identidad y Ética traté este tema dentro de la Cuarta Parte titulada Identidad, alteridad y ética: la responsabilidad; en concreto, en el Capítulo IX titulado "El": Instituciones justas.

Por ser un tema que históricamente -y actualmente- nos ha obsequiado con abundantes ejemplos de ideologías extraídas de otras existentes y convertidas en panfletos partidistas, sin luz de equidad; por ser un tema plasmado frecuentemente en ideologías que han sido seguidas a ojos cerrados por sujetos -con todos los adjetivos que podría aplicárseles a estos sujetos sin ofenderlos, es decir, sólo diciendo lo que son- cuya única autoridad son sus pasiones inconfesables a la luz de la razón de la mayoría democrática; por ser este tema tan actual e importante, digo, es necesario analizar este fenómeno de las ideologías en relación con la eticidad desde el punto de vista del equilibrio, es decir, de aplicar las reglas o principios que manifestamos profesar a todos los elementos incluidos dentro de una situación social o política concreta.

Por poner varios ejemplos de lo que quiero expresar y antes de plasmar el fragmento de Identidad y Ética al que me he referido arriba, diré lo siguiente: Cuando una persona pretendiendo testimoniar y defender a los débiles afirma que no hay derecho a la existencia de Eta como grupo terrorista y a la comisión de sus crímenes contra gente que no está atentando contra la vida de estos asesinos, es decir, no hay derecho a atentar contra personas civiles inocentes, debe a continuación condenar el que Eta mate o atente contra políticos que ejercen sus funciones para defender la integridad de España, pues no existe igualdad, equidad o equilibrio entre ejercer la defensa de la integridad de España y el ser asesinado por ello. Sí existiría equilibrio o igualdad si el político atentara contra la vida de los miembros de Eta. En este caso los miembros de Eta tendrían derecho a defender sus vidas eliminando al adversario como ocurre en una guerra.

En una guerra se aplica el mismo principio ético de equilibrio o igualdad. Si critico éticamente a un bando en una contienda, como por ejemplo al gobierno israelita y a su ejército tachándolos de masacrar a civiles, tengo que realizar lo mismo respecto de las masacres o asesinatos de civiles que puedan comenter los de Hamás o los que hacen explotar bonbas adosadas a su cuerpo (yo no lo llamo inmolarse pues están asesinando a otras personas cuando no se agrava el acto por ser disminuidos píquicos o jóvenes a los que previamente se les lava el cerebro para hacerlo). No puedo condenar a la Otan y sus crímenes en Kosovo (si los ha cometido) sin condenar también los crímenes contra civiles qua hayan podido cometer (si los han cometido) los dirigentes del bando serbio-bosnio, a quien todos conocemos. No puedo condenar los excesos del bando republicano en la guerra civil española sin condenar los excesos del bando llamado nacional.

Esto es equidad en el juicio. Esto es ética. Esto es lógica aplicada a la ética. Esto es ausencia de partidismo, es decir, aplicar la razón con igualdad a todas las partes.

Entrando ya en los pormenores de las relaciones entre ideología y eticidad, expondré el fragmento anunciado.

"Ideología y eticidad.


Es de señalar que el análisis del concepto de ideología ocupa la mayor parte de las conferencias que se recogen en la obra, realizándolo en su mayor parte en relación a la obra de Marx, pues el concepto de ideología marxiano fue el determinante en Occidente y es el modelo a que responden los demás autores que trata en Ideología y Utopía.


Ricoeur afirma que las obras del Marx joven tienden a caracterizar qué es “lo real”, ya que la determinación de lo que es la realidad afecta al concepto de ideología al ser definida ésta, negativamente, como lo que no lo es. En cambio el marxismo posterior realizará la contraposición de la ideología con la ciencia.


En La ideología alemana Marx llega a definir la realidad por la praxis o actividad humana productiva y a la ideología por su oposición a la praxis. Marx establece que la fuente verdadera de la actividad humana es la praxis y no la conciencia. La postura de Ricoeur es ver en esta posición de Marx un desafío no sólo al idealismo de los jóvenes hegelianos sino también al marxismo posterior que pone a supuestas fuerzas estructurales anónimas como clase, capital, etc. como los agentes activos de la historia.

El gran descubrimiento que Marx realiza en La ideología alemana, según Ricoeur, es la noción del individuo en las condiciones materiales de vida. Sin embargo Ricoeur, mostrando la filiación aristotélica de una parte de su inspiración filosófica, invierte los términos del problema afirmando que más que una crítica de la razón práctica, la cual realizaría Marx desde las condiciones materiales de vida en que está el hombre, es necesario poner a la razón práctica como rectora de la crítica. Lo cual supone afirmar, nuevamente, nuestra eticidad como el hilo conductor apropiado para el análisis y valoración de los conceptos de ideología y utopía, es decir como base de las valoraciones políticas.319
La utopía es una alternativa en la que ejercer la libertad bajo el deber de “lo mejor”. Se encuadra en la posibilidad que supone la imaginación productiva para el ejercicio de la voluntad. Nos encontramos, dentro del primitivo -y no proseguido formalmente- proyecto de Ricoeur por él denominado poética de la voluntad.320

En cuanto alternativa libre, la utopía supone justicia, felicidad y hermandad. Nos encontramos así en el conatus spinoziano tan caro al autor; en el deseo, en la teleología y en la libertad del sujeto que quiere realizarse en plenitud («yo»). En cuanto al deber de realizar la utopía, nos encontramos con el nacimiento verdadero y auténtico de la ética («tu»): «quiero que tu libertad sea como lo es la mía» y esto sólo es dable pasando por el nivel de la justicia que acrisole y someta a prueba el proyecto para que no caiga en el egoísmo de una “felicidad” insolidaria («el», o las instituciones)."
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319 “Ricoeur intenta recuperar la idea y la posibilidad de la razón práctica pero en un sentido aristotélico del término antes que kantiano. `Debemos hablar menos´, dice Ricoeur, `de la crítica de la razón práctica que de la razón práctica como crítica´. La razón práctica está situada en las esferas ética y política y en ellas los grados de rigor y de verdad son diferentes de los que cabe esperar en otras esferas. Emprender la crítica sobre la base de la razón `objetiva´ significa simplemente caer de nuevo en la `ruinosa oposición de ciencia e ideología´”. [Ideología y Utopía. (Introducción de George H. Taylor), Introducción, pág. 26].
El concepto de lo político en nuestro autor se inscribe dentro de su filosofía del obrar (praxis) mediante el concepto de homo capax. Además, se inscribe en una tendencia a reflexionar sobre las condiciones de la razón práctica, buscando dentro de las instituciones la «acción juiciosa». La similitud de este último concepto con el de «convicción» y con el de «juicio en situación» pertenecientes a su ética resalta por sí misma. Escribe el autor: “Por lo demás, ya otros críticos han intentado reconstruir el conjunto de mi obra a partir de la cuestión del obrar humano. Lo político pertenece a este ciclo, en la medida en que, según la expresión de Eric Weil, «el Estado es la organización de una comunidad histórica: organizada en Estado la comunidad es capaz de tomar decisiones». La decisión política es así el lugar donde lo político se religa a una filosofía general del obrar. Pero hay una segunda relación más estrecha que la primera: lo político tiende a la reflexión sobre las condiciones de una razón práctica. Con lo político, en efecto, la cuestión no es solamente introducir la decisión en el plano de las instituciones, sino buscar en ésta los lineamientos de una acción juiciosa”. (Paul Ricoeur, “Respuesta a Olivier Mongin”, en Paul Ricoeur: Los caminos de la interpretación, pp. 330-331).
320 “Lo que debemos considerar ahora es el carácter de la alternativa que propone la utopía. [...] Podemos comenzar ampliando un punto sólo brevemente mencionado antes, el hecho de que la condición utópica de la imaginación nos lleva desde lo instituido a lo instituyente. Por eso, debemos tornar a considerar el carácter productivo de la imaginación. Esta capacidad, dice Ricoeur, puede llamarse `poética´. Al emplear este término Ricoeur indica que ha comenzado su investigación de la `poética de la voluntad´ que es una parte de un proyecto que Ricoeur llamó una `filosofía de la voluntad´”. [Ideología y Utopía. (Introducción de George H. Taylor), Introducción, pág. 29).

domingo, 12 de julio de 2009

Alquimia


“Fuego eléctrico o impulso volitivo” conjuntamente con “fuego por fricción” producen luz o “fuego solar”. Fuego eléctrico es fuerza o algún tipo de energía y, por lo tanto, constituye fundamentalmente en sí mismo una emanación. “Fuego por fricción” es sustancia que tiene como característica principal la cualidad de calor, calor latente o sensación. En consecuencia, ambos conceptos dan la idea de dualidad. Toda emanación debe tener su fuente de origen, y el calor es únicamente resultado de la fricción, siendo necesariamente dual. Ambas afirmaciones involucran hechos que datan de mucho antes del sistema solar y se hallan ocultos en la Mente Universal. Todo lo que podemos comprobar científicamente, debido a su aproximación, es la naturaleza de lo que produce el fuego solar o la luz. Estas ideas pueden aclarar parcialmente el significado del número cinco, considerado esotéricamente. Siendo el fuego eléctrico una emanación, se lo conceptúa esencialmente dual, como así también el fuego por fricción; unidos producen el fuego solar y, por lo tanto, el cinco esotérico.

Alice Bailey (El Tibetano), Tratado sobre Fuego Cósmico, Fundación Lucis, Buenos Aires, Argentina. Quinta edición, año 2002, p. 640.


Comentario: Una emanación de la voluntad. Devas que encienden átomos; fuego solar que crece unificando el ser. Los tres fuegos se unifican; el tercero con el segundo: el Alma gloriosa y luminosa; el segundo con el primero: la Mónada triunfante.
Quien pueda entender que entienda.