Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

martes, 10 de noviembre de 2009

Somos mónadas comunicadas por dentro con el resto de la realidad



Nuestra identidad es tal y tiene tal fusión inseparable con el aspecto ético que ello se manifiesta en todas las partes de la estructura humana. Por ejemplo, la necesidad de la sabiduría de "visión" mental y visión espiritual; la necesidad del conocimiento en todos los sentidos posibles, se fundamenta en la absoluta imposibilidad de obrar conscientemente sin antes "ver" qué se hace. Es previo el saber frente al obrar. Y en ese saber previo al obrar no puede faltar el saber referente a las consecuencias destructivas o constructivas de lo que hacemos.

Por otra parte, en línea con la filosofía husserliana, estamos en la absoluta imposibilidad de salir de nosotros mismos. Incluso cuando percibimos lo que nos trasciende: los demás entes materiales, los pertenecientes a los reinos vegetal y animal, las personas -en la captación a distintos niveles que tenemos de ellas, desde lo físico hasta la cualidad de eso que llamamos alma- también en la percepción de presencias espirituales de gran altura que podemos intuir; en todo, repito, lo que nos trasciende cuando es captado por nuestra mente, se da y no puede darse sino dentro de nuestra consciencia. Nunca salimos en realidad de nosotros mismos. Somos mónadas en el sentido leibniziano, pero mónadas de consciencia comunicadas con el resto de mónadas y con el mundo que nos rodea y nos contiene con todos sus seres.

Sin embargo, la retícula de comunicación con el resto de las consciencias y de los seres es preciso mantenerla limpia de prejuicios, limpia de errores, limpia de reductivismos pseudo-científico-positivistas, de fronteras de odio y de exclusiones donde somos los perfectos y los mejores y se excluye a los demás como menos humanos, menos buenos, menos perfectos, menos sinceros, menos claros en las intenciones. Si esto no se hace así, la comunicación con otros seres se distorsiona. De este modo, identidad y ética se manifiestan de nuevo de la mano en un binomio indestructible.

Juan Dianes.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Acercándonos a la Ética y la Identidad






Don Mariano Peñalver Simó
Primer Rector Constituyente y Catedrático Emérito de la Universidad de Cádiz
Fallecido el 28 de agosto de 2005

¿Cómo me interesé por el tema de la ética y de la identidad en relación con ella? ¿Por qué Ricoeur?

De algún modo siempre he estado interesado por la ética. Al fin y al cabo no hay cosa que más nos afecte, que más pueda hacernos felices o infelices y en que menos reflexionemos. Ya decía Ortega que todo lo encontramos en nuestra vida, que la vida es la realidad radical. Y nuestra vida no es otra cosa que un proyecto que se va realizando por medio de una biografía.

Por su parte, nuestra biografía va conformando nuestra identidad y esta identidad o sí mismo que nos sirve para vivir y saber quienes somos mientras vivimos, puede llevarnos al «desastre» o hacia una vida feliz, en armonía y amor con los demás, según que sepamos conocernos a nosotros mismos y no caer en la trampa de los resentimientos, de la vanidad, del orgullo y el amor de sí equivocado; en la trampa aparentemente ventajosa del egoísmo y del no tratar a los demás como a nosotros mismos nos gusta que nos traten, o del sentirnos atacados por todos, etc. En definitiva, del no ser sencillos y cooperar con los demás en el aprecio y en la justicia.

Por todo esto, y encontrándome en periodo de reflexión, durante los cursos de doctorado, sobre cuál sería el tema ideal para la tesis así como la persona idónea para dirigir su preparación, me encontré inmerso en un curso sobre la alteridad y el descubrimiento de América, impartido por el profesor Peñalver, que me impactó bastante. La idea matriz de la tesis nació a partir del convencimiento de que, de algún modo, la alteridad está ya inmersa en la propia identidad de cada uno de nosotros y que esto es preciso que cada sujeto lo incorpore a su vida ética.

El motivo de esta atracción fue, aparte de la indudable competencia del que lo impartía, la propia materia del mismo. En efecto, lo que me comunicó especialmente este curso fue lo siguiente: el desconocimiento de la esencia de la persona y la identificación de Colón y de sus acompañantes no con el sentido profundo de lo que es ser humano, sino con una forma de serlo que era la del español -e incluso europeo- de la época, etnocéntrico sin remedio, por la ceguera teórica y cultural antropológica del momento es lo que lleva a los colonizadores a un trato inhumano del otro por una falta de reconocimiento del mismo como tal otro semejante a mí e igual en dignidad.

Más tarde, en otro de los cursos de doctorado, también impartido por el catedrático Peñalver, “De la recolección a la diseminación: Gadamer, Ricoeur, Derrida” tomé conciencia de la importancia de Ricoeur como autor equilibrado e innovador respecto de un tipo de filosofía que trata de encontrar una verdad siempre abierta a su enriquecimiento y corrección por medio de una hermenéutica del «sí mismo» que abarca una ontología, una antropología y por medio de ellas una ética y una teoría política.

A causa de todo ello, decidí empezar una tesis dentro de la filosofía de este autor, que se circunscribiese al tema de la ética relacionada con el de la identidad. Como persona ideal para este tema de tesis elegí también al profesor Peñalver.

Juan Dianes Rubio.  (Tomado de: Defensa de Tesis Doctoral, Universidad de Cádiz, año 2003)