Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

jueves, 26 de febrero de 2009

Declaración de El Tibetano y naturaleza de la enseñanza y del aprendizaje oculto.



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RESUMEN DE UNA DECLARACION HECHA POR EL TIBETANO

Publicada en agosto de 1934

Solamente diré que soy un discípulo tibetano de cierto grado; esto puede significar muy poco para ustedes, porque todos son discípulos, desde el aspirante más humilde hasta más allá de Cristo Mismo. Tengo cuerpo físico lo mismo que todos los hombres; resido en los confines del Tibet, y a veces (desde el punto de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones, presido un grupo numeroso de Lamas tibetanos. A esto se debe la difusión de que soy un abad de ese Monasterio Lamásico. Aquellos que están asocia­dos conmigo en el trabajo de la Jerarquía (todos los verdaderos discípulos están unidos en este trabajo), me conocen también con otro nombre y cargo. A.A.B. conoce dos de mis nombres.

Soy un hermano que ha andado un poco más por el sendero y, por consiguiente, tengo más responsabilidades que el estudiante común. He luchado y he abierto un camino hacia la luz y logré mayor cantidad de luz que el aspirante común que leerá este artículo, por lo tanto, tengo que actuar como transmisor de luz, cueste lo que costare. No soy un hombre viejo con respecto a lo que la edad puede significar en un instructor, y tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo consiste en enseñar y difundir el conocimiento de la Sabiduría Eterna donde quiera que encuentre respuesta, y esto lo he estado haciendo durante muchos años. Trato también de ayudar a los Maes­tros M. y K.H. en todo momento, porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto hasta aquí encierra mucho, pero tampoco les digo nada que pueda inducirles a ofrecerme esa ciega obediencia y tonta devoción que el aspirante emocional brinda al Gurú o Maestro, con el cual aún no está en condiciones de tomar contacto, ni puede lograrlo hasta tanto no haya tras­mutado la devoción emocional en desinteresado servicio a la humanidad, no al Maestro.

No espero que sean aceptados los libros que he escrito. Pueden o no ser exactos, correctos y útiles. El lector puede comprobar su verdad mediante la práctica y el ejercicio de la intuición. Ni A.A.B. ni yo, tenemos interés en que se los considere como que han sido inspirados, tampoco que se diga miste­riosamente que son el trabajo de uno de los Maestros.

Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pueda considerarse como la continuación de las enseñanzas impartidas en el mundo, y si la instrucción suministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir desde el plano de las emociones al plano mental (el plano donde se encuentran los Maestros), entonces estos libros habrán cumplido con su propósito. Si la enseñanza impartida encuentra eco en la mente iluminada del trabajador mundial, y si despierta su intuición, entonces acéptense tales enseñanzas.

Si estas afirmaciones son comprobadas oportunamente y consideradas como verdaderas bajo la prueba de la Ley de Correspondencia, muy bien, pero si esto no es así, no se acepte lo expuesto.

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Quisiera comentar algunos aspectos de la naturaleza del aprendizaje oculto. En primer lugar, la naturaleza de los grupos de ocultismo difiere en absoluto de la de otros grupos culturales. En ellos no se trata de adquirir cultura o conocimientos sobre la vida: la ciencia, la técnica, la sociedad, es decir, los múltiples conocimientos académicos que interesan al ser humano para el desenvolvimiento de la propia vida en la Tierra. En suma, no se trata del admirable, por otra parte, objetivo de aumentar nuestros conocimientos con miras no transcendetes que se quedan en la propia vida.

En efecto, si el objetivo es desarrollar lo oculto o misterioso; lo maravilloso; la energía del alma que, como intuición, está oculta cual semilla dentro de las formas diversas de la Manifestación y sólo florece en el silencio del discurso cerebral-mental ordinario. Si éste es el objetivo -y lo es- lo que se necesita hacer es lo que han afirmado los místicos y ocultistas de todas las edades: suspender el discurso mental para que brille el Angel Solar o Alma.

Por otra parte, en cualquier grupo cultural se discute, se analiza, se opina, buscando el consenso o lo que se considera la verdad, pero en un grupo de esoterismo u ocultismo al tratar de conocer y realizar en la profundidad del alma lo que se llama Sabiduría Secreta o Sabiduría Eterna, sólo podemos ser transmisores para otros de este saber, siendo nosotros, por muy altos que nos hallemos en el Sendero, sólo discípulos que han recorrido una parte mayor de éste -y hay que tener en cuenta la gran elevación que supone la Quinta Iniciación que posee ya El Tibetano que es quien lo dice con una gran humildad-.

Mediante esta transmisión y el correspondiente estudio, meditación y servicio, otros trataremos de realizar lo que los maestros han realizado: han ascendido a planos superiores y han logrado habilitar sus vehículos o cuerpos superiores para vivir conscientemente en esos planos y, de ese modo, conocer la realidad de las enseñanzas que antes aprendieron. Esta es la verdadera confirmación de la Sabiduría Oculta.

En definitiva, afirmar que en el plano de la recepción de los conocimientos para su estudio y meditación sólo cabe tratar de comprenderlos en espera de la comprobación clarividente una vez podamos tener acceso a los Mundos Superiores.

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