Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

martes, 31 de agosto de 2010

EL MAL Y LA FRAGILIDAD HUMANA


Las conclusiones de este segundo capítulo de Identidad y Ética son suficientemente extensas como para no desear aburrir a posibles lectores con un comentario que las alargue aún más.

Por otra parte, el lector atento e interesado seguro que sabrá sacar alguna conclusión de la sabiduría ética de Paul Ricoeur, la cual traté de plasmar en alguna medida en mi tesis.



IDENTIDAD Y ÉTICA. LA CONSTITUCIÓN ÉTICA DEL «SÍ MISMO» EN LA FILOSOFÍA DE PAUL RICOEUR. Universidad de Cádiz, año 2003.

CAPÍTULO II: EL MAL Y LA FRAGILIDAD HUMANA

Conclusiones.

1. Cualquier aspecto de nuestra existencia puede favorecer o entorpecer el proyecto de totalidad en el bien o proyecto ético. Éste a su vez repercute y modela nuestra identidad. La identidad, por tanto,  con todas sus dimensiones o aspectos está en íntima relación con la ética.

2. Ricoeur define tres modos de intermedialidad según tres capacidades del hombre: la razón que busca la verdad, la acción cuyo objeto es el bien y el sentimiento (corazón) como síntesis o intermedialidad total del hombre. El corazón es el centro electivo del yo que “mira” al  ideal de “vida buena”, es decir, la voluntad que libremente ama y sigue el bien manteniendo responsablemente las fidelidades en los compromisos, (ser responsable como cuarta manifestación de las capacidades del sí).

3. La primera parte de Finitud y culpabilidad (El hombre falible) constituye el “puente” que la antropología filosófica va a tender desde la fenomenología puramente descriptiva (Lo voluntario y lo involuntario) hasta la Simbólica del mal que es ya una hermenéutica fenomenológica. La Simbólica del mal a su vez, enlaza los mitos del mal con el razonamiento filosófico. El motivo de este “puente”, a su vez, es una necesidad de tipo ético: la comprensión, confesión y asunción responsable del mal en vista a lograr la comprensión y autonomía del «sí».

4. Al tratar de comprender el autor la conexión recíproca entre la libertad y el mal reconoce que no es posible abarcar solamente desde la visión ética toda la problemática del hombre y del mal. Esta constatación parece “reblandecer” nuestra tesis. Sin embargo, no pretendemos que la dimensión ética sea en Ricoeur dominadora de todas las demás sino necesaria para una plenitud de identidad desde un plano existencial de realización del hombre.

5. Ricoeur pone la superioridad de la conciencia que asume la culpa en el descubrimiento de una mayor densidad de la propia conciencia. Por tanto, la superioridad existencial depende de una condición ética (asumir la culpa). Así mismo, la conciencia de libertad y la plena posesión de nuestro pasado por nuestra memoria, identidad, depende de este mismo aspecto (confesión de la culpa) y es condición de la alegría del «sí». Por tanto se considera la dimensión ética de la identidad como integrante de una existir plenamente humano.

6. La antropología filosófica de Ricoeur, orientada por el concepto de labilidad, afirma la necesidad de partir del compuesto mismo finito-infinito, es decir, del “hombre integral”; partir de su propia in-coincidencia consigo mismo y de la mediación que realiza por el hecho de existir. Esta mediación no es otra cosa que la manifestación de su capacidad de responsabilidad, y ésta, a su vez, nos remite a uno de los conceptos centrales de Soi-même comme un autre, ser responsable.

7. El concepto de labilidad es el modo indispensable de comprender la inserción del mal en la falla de la fragilidad humana. En virtud de mi fragilidad como ocasión y como origen tengo capacidad de realizar el mal. Mediante este concepto vemos la conversión del libre albedrío en «siervo albedrío» para comprender la disminución de ser y de felicidad que supone esta identidad disminuida por el mal y esclava de sí misma. Es la libertad humana la que transforma la posibilidad del mal en realidad de hecho y la antropología en ética. Culmina así una filosofía descriptiva pura del hombre para introducirse en una hermenéutica fenomenológica que resalta la dimensión ética como posibilidad de plenitud o de degeneración del sí, dependiendo del uso de su libertad.

8. El concepto finito de carácter supone que  el  «sí»  posee grados de realización ética o humana. Esto implica que tanto uno mismo como el otro somos “sujeto potencial” de perfecciones que reconocemos como valores pero también de cualquier «contravalor», lo que inclina al amor y al respeto, considerando al otro como a uno mismo y a sí mismo como al otro, lo cual enlaza la ética explícita de Sí mismo como otro con la dimensión moral que descubrimos en Finitud y culpabilidad.

9. Poner la felicidad como la globalidad de todas las trascendencias o desbordamientos del hombre y poner el mal como factor de disminución de la autonomía y de la plenitud humanas supone poner la perfección ética como clave de la perfección del sí. El  gozo del sí sólo se consigue no ponderando fines intermedios por encima de la felicidad –que serían consecuencia del deseo o elemento finito del sentimiento- sino poniéndola como el fin de todos los fines en cuya consecución no me someto a la inclinación del deseo.

10. El sentimiento tiene relación con lo que consideramos bueno o malo. Es el corazón que asciende al ideal o desciende a lo concupiscible y ha de guiarse por el «ideal ético» pasado por el tamiz del «imperativo moral». Existe, por tanto,  una profunda sintonía entre esta concepción del sentimiento como “armonía electiva” y la concepción ética presentada en Soi-même comme un autre.

11. Ricoeur considera que el esclarecimiento de la facultad intermediaria del “corazón” ha de buscarse en el plano de pasiones interhumanas, sociales y culturales como lo son la trilogía de pasiones del tener, el poder y el valer. Por tanto esta facultad, que ha sido considerado esencial en la constitución de la persona, es ahora puesto en conexión con pasiones que, afectando a la vida intersubjetiva, tienen la posibilidad de ser calificadas éticamente.

domingo, 15 de agosto de 2010

Corridas de toros y respeto por la vida


Todas la Filosofías o Sabidurías de la humanidad enseñan que la vida se interrelaciona, ha evolucionado de esta forma durante eones y que, en consecuencia, todos  los seres vivos dependen  unos de otros. Esto lo enseñan las tradiciones de Sabiduría, tanto en Oriente como en Occidente, mucho antes del actual interés por la ecología. Esta unidad entre todos los seres vivientes afirmada dentro de la Sabiduría Antigua no es sino un reflejo de esa Unidad trascendental de la que todo surge.

En la sociedad humana es evidente que el primer objetivo a perseguir es la fraternidad universal, es decir, las Correctas Relaciones Humanas a las que cada vez tienden más -bien que frecuentemnte sólo en teoría- los organismos e instituciones mundiales. Esta idea de la interrelación total de la vida y de la fraternidad universal es, aún más allá del ideal, un hecho de la naturaleza basado en la unidad de toda la vida y, por tanto, se puede considerar como ley de la naturaleza y de exigido cumplimiento tanto moral como legalmente. En este sentido, la idea de una fraternidad universal debe extenderse para incluir otras formas de vida además de la humana y es aquí donde aparece el tema de la reciente prohibición de las corridas de toros en Cataluña

Mediante esta idea de interrelación y respeto por toda la vida y el entorno, la tierra y sus dones no son vistos como propiedad de la raza humana, prontos a ser explotados, sino más bien para ser cuidados y usados con prudencia y compasión.

Otra enseñanza de la Sabiduría Antigua -recuperada a partir de las teorías evolucionistas darwinianas- es la Evolución de naturaleza tanto física como espiritual. La reverencia por la vida proviene de forma natural desde un punto de vista evolutivo en cuanto a que uno ve la relación de la vida humana con todo lo que vive. El reino animal en cuanto a desarrollo evolutivo (sentidos, sensaciones, “inteligencia”) evidentemente está más cercano al humano, particularmente en lo que concierne a los mamíferos y de aquí surge una necesidad de mayor respeto aún y de no causarles daños ni sufrimientos innecesarios. En cuanto que los animales valoran su vida e intentan evitar el dolor, surge la cuestión de si pueden sufrir y parece bastante evidente que sufren puesto que tienden a evitar todo aquello que les hace sentir dolor.

Muchas religiones, particularmente las orientales enfatizan el vegetarianismo no sólo con el objetivo de la depuración del cuerpo y su salud y la búsqueda de un estado óptimo mental y emocional con vistas al desarrollo espiritual, sino también como un positivo amor Cósmico”.

Por otra parte, dentro de casi todas las religiones mundiales recomiendan una dieta sin carne para sus miembros. En la cristiandad, por ejemplo, los Católicos Romanos tales como los Monjes Trapenses o los protestantes, tales como los Adventistas del séptimo día. También se encuentra en varias de estas religiones periodos de abstinencia de la carne, tales como la tradicional Cuaresma. Todo esto tiene como fondo ese mandamiento de veneración y amor por la vida desde sus estadios menos evolucionados, minerales, vegetales, hasta los más evolucionados, animales y humanos.