Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

martes, 22 de febrero de 2011

James Allen: Como el hombre piensa



Pocos textos como el presente, Pensamiento y carácter, poseen una luminosidad tan evidente para la comprensión de lo que somos, es decir para la comprensión de la identidad humana y cómo se forma.

Citando a René Félix Allendy, “El hombre es, a la vez, padre de sus obras futuras e hijo de las pasadas”.

He de manifestar una verdad en relación con el pensamiento y la fuente de donde brota, es decir, nuestra identidad: el nivel de ser del hombre es el gran olvido de nuestra psicología académica occidental; se ha considerado  inadvertidamente que todos los humanos tienen el mismo nivel de desarrollo comprensivo y, por tanto, el mismo nivel de libertad y responsabilidad.

Por diversas circunstancias de naturaleza compleja que ahora no sería el lugar de analizar, es evidente que existen muy diferentes niveles de personas: desde las que te matan sin un solo pestañeo por alguna ganancia material que ni siquiera necesitan hasta las que se sacrifican por otros incluso sin que se les pida y son felices interiormente haciéndolo. Quien pueda comprender que comprenda.

Para un momento determinado de nuestros ciclo evolutivo, es decir, para un determinado estado evolutivo de nuestro ser  es muy difícil comprender ciertas verdades. Con este texto desearía ayudar en esta tarea en la pequeña parte en que pueda.

Sirva esta pequeña contribución como ayuda para arrojar alguna luz sobre cómo nosotros mismos somos nuestros auténticos liberadores o nuestros propios carceleros


PENSAMIENTO Y CARÁCTER

  El Aforismo, “Como un hombre piensa en su corazón, así es él,” no sólo abarca su ser, sino que llega a comprender cada condición y circunstancia de su vida. Un hombre es literalmente lo que piensa, siendo su carácter la suma de todos sus pensamientos.

  Así como una planta brota de su semilla, y no podría ser de otra manera, así cada acción de un hombre brota de las semillas invisibles del pensamiento, y no podrían existir sin ellas. Lo anterior es aplicable por igual a aquellos actos considerados “espontáneos” y “no premeditados” como a aquellos que son deliberadamente ejecutados.

  Las acciones son brotes del pensamiento, y la dicha y el sufrimiento son sus frutos; De este modo el hombre cosecha los frutos dulces y amargos que él mismo siembra.

                            Los pensamientos en la mente nos hacen lo que somos
                                 Nos forjan y modelan. Si albergas en tu mente
                                pensamientos inferiores, el dolor te seguirá como
                                     sigue el arado al buey . . . Si en cambio
                               tus pensamientos son elevados, te seguirá la dicha
                                      como tu propia sombra, es un hecho.
                                                      
   El desarrollo del hombre está gobernado por leyes, no por artificios, y la ley de causa y efecto es tan absoluta e inevitable en el reino oculto de los pensamientos como lo es en el mundo de los objetos visibles y materiales. Un carácter admirable no es asunto de azar o de favor, sino el resultado natural de un constante esfuerzo en albergar los pensamientos correctos, el efecto de una muy larga y apreciada asociación con pensamientos admirables. Un carácter innoble y bestial, por el mismo proceso, es el resultado de pensamientos viles albergados continuamente.
   Él es hecho o deshecho por sí mismo; en la armonía del pensamientos forja las armas con las que se destruye; también elabora las herramientas con las que construye para sí mansiones celestiales de felicidad fortaleza y paz. Con la elección y aplicación de los pensamientos correctos el hombre asciende a la perfección divina; Con la aplicación y el abuso de los pensamientos incorrectos, desciende bajo el nivel de las bestias.
Entre estos dos extremos están todas las categorías del carácter, y el hombre es su maestro y hacedor.
   De todas las maravillosas verdades del alma que han sido recuperadas y redescubiertas en esta era, ninguna más grandiosa y fecunda de divina promesa y esperanza que esta – el hombre es el amo del pensamiento, forjador del carácter, creador y modelador de condiciones, entorno y destino.
   Como un ser de Poder, Inteligencia y Amor, y señor de sus propios pensamientos, el hombre posee la llave de cada situación, y lleva consigo la agencia de transformación y regeneración por la cual hace de sí mismo lo
que quiere.
   El hombre es siempre el amo y señor, aún en su estado de mayor debilidad y abandono; pero en su debilidad y degradación es el amo necio que gobierna mal sus asuntos. Cuando empieza a reflexionar acerca de su condición, y a buscar diligentemente la Ley que lo llevó a ese estado, se transforma en el amo sabio, canalizando inteligentemente su energía, y elaborando pensamientos fructíferos. Ese es el amo sabio, y el hombre sólo puede llegar a serlo descubriendo dentro de sí mismo las leyes del pensamiento; descubrimiento que es resultado de aplicación, auto-análisis, y experiencia.
   Solamente después de mucho buscar y excavar el oro y los diamantes son obtenidos, y el hombre puede encontrar cada verdad asociada con su ser si cava con determinación en lo profundo de su alma; y probará inequívocamente que es forjador de su carácter, modelador de su vida, y constructor de su destino, si vigila, controla, y altera sus pensamientos, siguiendo el rastro de sus efectos en sí mismo, en otros, en su vida y circunstancias, enlazando causa y efecto con práctica e investigación pacientes, y utilizando cada experiencia, aún la más trivial, cada hecho cotidiano, como medios para obtener el conocimiento de sí mismo que es Entendimiento, Sabiduría, Poder. En ese sentido, como en ningún otro, está la ley absoluta “Aquel que busque encontrará; a aquel que toque la puerta ésta se le abrirá”; sólo con paciencia, práctica, e impertinencia incesante puede un hombre entrar por la Puerta del Templo del Conocimiento.

James Allen Como el hombre piensa. Capítulo 1: Pensamiento y Carácter.

http://www.esnips.com/doc/b0bebf9f-c3cf-4271-9359-0ec984ac051b/James-Allen---Como-el-Hombre-Piensa

domingo, 13 de febrero de 2011

Política e ideología


No podemos esperar por muy ideal que sea la esencia moral de un partido,  es decir la trama de principios o valores que lo fundamentan, que ésta influya en las personas o electores después que  los mismos constaten que esta ideología, fundamento de dicho partido, no se pone por obra, no afecta a la práctica política, no mueve a sus miembros como los únicos posibles realizadores del ideal del partido. 

Aquí se encuentra el cáncer moral que carcome a los grandes partidos,  sobre todo cuando están gobernando, aunque se obstinen en echar culpas a las crisis -que las hay y fuertes- o en matar al mensajero -que sólo denuncia lo que está sucediendo.

Por tanto, jamás puede un partido influir en los ciudadanos  si estos  tienen  clara, como fenómeno intersubjetivo de conciencia colectiva, la verdad de actuaciones de este partido en contra de la felicidad, bienestar, dignidad o libertad de la gente y ve que con sus actos demuestran que siguen postergando y despreciando su propia ideología fundacional ya que no la transforman en vida de cada día en sus actuaciones políticas.

De este modo, se impone al político una grave disyuntiva: o bien trata de realizar su ideario como modelo de valores del tipo de  sociedad que defiende o bien su tiempo de resonancia social o vida política se verá reducido a lo que tarde el cuerpo social en asimilar como suya esta experiencia de una traición constante a sus postulados y termine dando muerte a la existencia de tal opcion política, es decir, certifique su muerte como partido o su inoperancia parcial, al menos, hasta que se lleve a cabo una profunda renovación en sus dirigentes y forma de gestión.