Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

domingo, 10 de junio de 2007

De la clasificación del Hombre en el Trabajo

En un artículo anterior prometí hablar del concepto de hombre y su clasificación dentro del Trabajo. El motivo de esta clasificación del hombre reside en superar la total insuficiencia del lenguaje corriente que, en este tema, como en tantos, no responde a la variedad de un fenómeno tal como existe en la realidad. Sin esta clasificación el estudio del hombre no nos llevaría a nada en el sentido del Trabajo ni tampoco, en general, en el sentido de un conocimiento psicológico más profundo del hombre. En el ámbito del Trabajo, sin esta clasificación, el intento de fundamentar la observación de sí y luego el aumento de consciencia sobre estas observaciones no obtendrían el mínimo resultado.

La necesidad de este lenguaje especial en el trabajo que, sin embargo está constituido por palabras corrientes a las que se da un significado mucho más especializado, está justificada, precisamente, por el presente tema de estudio: el concepto de “hombre”. En efecto, la palabra "hombre" en el lenguaje normal es una palabra monolítica como si sólo existiese un tipo de hombre en el sentido del desarrollo consciente, emocional, físico y espiritual. La realidad es que las diferencias son abismales. No es necesario buscar ejemplos históricos. Todos conocemos, incluso en nuestro barrio o entre personajes públicos, una gran diferencia a veces entre personas. Pero no estará de más referimos a las diferencias que pueden existir entre un Pitágoras, Buda o Sócrates y un Hitler, un Jack el Destripador o un Sadam Hussein.

De este modo, sin esta clasificación nos encontraríamos con que el hombre que nunca es consciente y que ni siquiera lo sospecha, el hombre que está empezando su lucha para llegar a serlo y el hombre que es plenamente consciente serían considerados en el mismo nivel en nuestro lenguaje corriente. En todos los casos es siem­pre el "hombre". Para conseguir el objetivo antes enunciado y ayudar a clasificar las nuevas ideas que nos permitan progresar en el Trabajo, esta enseñanza divide al hombre en siete categorías. Las tres primeras categorías están práctica­mente en el mismo nivel. El hombre N° 1, es un hombre en el cual los centros motor e instintivo predominan sobre el in­telectual y el emocional: es el hombre físi­co. El hombre N° 2, es un hombre en el cual el cen­tro emocional predomina sobre el intelectual, el motor y el instintivo: se trata del hombre emocional. El hombre N° 3, es un tipo de ser humano en el cual el cen­tro intelectual predomina sobre el emocional, el motor y el instintivo. Es el llamado hombre intelectual en el Trabajo.

No esperemos encontrar en la vida ordinaria otros tipos de hombres. El nivel actual de la humanidad hace que predominen sólo estas tres categorías de hombre. Tanto nosotros como las personas que conocemos pertenecemos a uno de estos tres tipos de ombre: N° 1, N° 2 o N° 3. ¿Entonces dónde están, cómo nacen o cómo se forman el restante tipo de hombres? Las categorías superiores de hombres, no nacen perteneciendo a ellas. Las categorías superiores se alcanzan sólo pasando a través de escuelas. Estas categorías superiores del hombre que son el objetivo del Trabajo sobre sí son las que van del hombre Nº 4 al hombre Nº 7.

El hombre N° 4, al igual que el restante tipo de hombres, es el pro­ducto, como decíamos, de una cultura de escuela. La diferencia que guarda con los hom­bres N° 1, 2 y 3 se consolida gracias a que han conseguido poseer dentro de sí un centro de gravedad permanente. Esto quiere decir que la idea de adquirir la unidad, la conciencia, un "Yo" permanente, y la voluntad ‑es decir, la idea de su desarrollo‑ ha llegado a ser para él más importante que sus otros intereses. Aparte de esto, y en íntima unión con ello, las funciones del hombre Nº 4 y sus centros es­tán mejor equilibrados, de una manera tal que no podría equilibrarlos sin trabajar sobre sí mismo, de acuerdo con los principios y métodos de una escuela.

El hombre N° 5, por su parte, ha adquiri­do la unidad y la conciencia de sí. En él ya trabaja uno de los centros superiores, (recordemos que los centros superiores son: el Centro Emocional Superior y el Centro Intelectual Superior) y tiene muchas funcio­nes y poderes que un hombre ordinario, (N° 1, 2 ó 3) no tiene.

El hombre N° 6 es un hombre que ha adquiri­do la conciencia objetiva (es necesario recordar que el Trabajo afirma y reconoce en el hombre la posibilidad de cuatro estados de consciencia de los cuales el primero y el segundo son los únicos accesibles a los hombres números 1, 2 y 3). Otro centro superior tra­baja en él, el Centro Emocional Superior, y posee muchas más nuevas facultades y poderes, más allá de la comprensión del hombre ordinario.

El hombre N° 7, por fin, es un hombre que ha alcan­zado todo lo que un hombre puede alcanzar. Tiene un "Yo" permanente y una voluntad libre. Puede controlar todos los estados de conciencia en sí mismo y ya no puede perder nada de lo que ha adquirido. De acuerdo con otra descripción, él es inmortal dentro de los límites del sistema solar.

Afirma Maurice Nicoll: “La comprensión de esta división del hombre en siete categorías es muy importante, ya que la división tiene muchísimas aplicaciones en todas las formas posibles de estudio de la actividad hu­mana. En manos de aquellos que la comprenden es una herramienta o instrumento muy fuerte y muy fino para la definición de manifestaciones que, sin ella, son imposibles de definir. Tomen, por ejemplo, los conceptos generales de religión, de arte, de cien­cia y de filosofía. Comenzando por la religión, po­demos ver de inmediato que debe haber una religión del hombre N° 1, esto es todas las formas de fetichismo, no importa como se les llame; una religión del hombre N° 2, es decir una religión emocional, sentimental, que llega algunas veces hasta el fanatismo, hasta las formas más crudas de la intolerancia, hasta la persecución de los here­jes, y así sucesivamente; una religión del hombre N° 3, esto es, una religión teórica, escolástica, lle­na de argumentos sobre las palabras, las formas, los ritos, lo que viene a ser más importante que cualquier otra cosa; una religión del hombre N° 4, esto es, la religión del hombre que trabaja en el desarrollo de sí; una religión del hombre N° S, esto es la religión del hombre que ha alcanzado la uni­dad y puede ver y saber muchas cosas que los hom­bres N° 1, 2 y 3, no pueden ver ni conocer; luego una religión del hombre N° 6 y una religión del hombre N° 7, sobre ninguna de las cuales pode­mos saber nada.

La misma división se aplica al arte, a la cien­cia y a la filosofía. Debe haber un arte del hombre N° 1, un arte del hombre N° 2 y un arte del hombre N° 3; una ciencia del hombre N° 1, una ciencia del hombre N° 2, una ciencia del hombre N° 3, una ciencia del hombre N° 4, y así sucesivamente. Ustedes deben tratar de encontrar ejemplos por su propia cuenta.” (Maurice Nicoll, Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky).

De este modo la riqueza de conceptos de este nuevo lenguaje en relación a esta clasificación del hombre responde a una realidad no tenida en cuenta, desgraciadamente, por la psicología occidental para la cual todo el mundo es consciente y tiene el mismo grado de voluntad, etc. De esta forma, con este nuevo lenguaje que posibilita el trabajo del hombre sobre sí miso, el encontrar solucio­nes adecuadas a muchos de nuestros problemas se ve incrementado enormemente.

Citemos de nuevo a Nicoll: “Este nuevo lenguaje es un lenguaje univer­sal, que la gente a veces trata de encontrar o de inventar. La expresión "un lenguaje universal" ó "len­guaje filosófico" no debe ser tomada en sentido metafórico. El lenguaje es universal en el mismo sentido que los símbolos matemáticos son univer­sales. Y además contiene en sí mismo todo lo que la gente pueda pensar de ello. Hasta las pocas pala­bras que se han explicado de este lenguaje dan la posibilidad de pensar y de hablar con mayor pre­cisión de la que es posible en el lenguaje ordinario que usa cualquiera de las terminologías y nomen­claturas científicas o filosóficas existentes.”
(Maurice Nicoll, Comentarios psicológicos sobre las enseñanzas de Gurdjieff y Ouspensky.)