Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

viernes, 12 de junio de 2009

Tratado sobre Magia Blanca. Regla I


Comienzo con este comentario una serie dedicada al Tratado sobre Magia Blanca de Alice Bailey (El Tibetano). Mi objetivo es despertar el interés sobre una obra absolutamente capital del esoterismo, ocultismo o Sabiduría Arcana. A mi entender se trata de uno de los legados más profundos y simples dados a la humanidad en el curso de los siglos y que tiene al propio tiempo la propiedad de ser un camino seguro y auténtico.


En este mundo del ocultismo o misticismo existen múltiples engaños; iniciados que, la mayoría inconscientemente, siguen el sendero de la izquierda; falsos entendidos que pululan por doquier aprovechando la extrema dificultad de un conocimiento que sólo se adquiere uniendo el estudio, la pureza de vida y las prácticas de meditación y servicio a la humanidad.; por último, no quiero dejar atrás tampoco a los que, habiendo asomado apenas la nariz a este mundo y siendo en realidad entes absolutamente terrenos, quieren sacar tajada material y ganar dinero abusando de la ignorancia y ambiciones de lectores cuya falsa personalidad les empuja a la curiosidad y la supuesta adquisición de poderes.


La Jerarquía planetaria, la Hermandad Blanca de supremo poder y sabiduría lucha por la verdadera evolución interior del ser humano, pero esta evolución sólo se realiza cuando libremente queremos realizarla en nosotros.


Mis comentarios han de ser parcos por varios motivos. En primer lugar por imperativo del propio progreso esotérico que nos acerca a la Iniciación, que, como El Tibetano enuncia, ha de realizarse bajo el imperio del propio Yo superior y nunca bajo la guía de alguien que nos conduce con nuestra ciega aquiescencia. Es la meditación, el estudio y el servicio lo que nos pondrá en el buen camino de este objetivo y no la simple lectura ni la guía exterior por sí sola. En segundo lugar porque supongo, como condición necesaria, que la persona se encuentra en ese estadio de la vida en que posee un sentido de los valores y una madurez de la personalidad para distinguir la verdad, la justicia y el bien por una parte y, por otra, el egoísmo, el materialismo y la vanidad como sus opuestos. Es decir, distinguen algo de los verdaderos valores eternos del alma. En tercer lugar, no me considero sino como alguien que, habiendo entrevisto el camino, lleva muchos años en el intento de hollar el Sendero, por lo cual mi objetivo es ayudar a que se lean y reflexionen pausadamente los libros de El Tibetano, en particular este Tratado sobre Magia Blanca y se realice el adecuado trabajo de estudio, meditación y servicio a la humanidad en alguna de sus formas.


Comenzaré, pues, la exposición y comentario de las reglas pertenecientes a este Tratado sobre Magia Blanca.


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“REGLA UNO: El Ángel Solar se recoge en sí mismo, no disipa su fuerza, sino que en profunda meditación se comunica con su reflejo.


(Alice Bailey, Tratado sobre Magia Blanca o El camino del discípulo, Editorial Sirio, Málaga, 2ª edidión: mayo de 2006, página 65.)


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El Ángel Solar es el Fuego Manásico que constituye nuestra alma, es decir, fuego de la mente o inteligencia pura que existe en distintos niveles. Este fuego se manifiesta en el Cuerpo Causal, o Ego, situado normalmente durante las primeras etapas de nuestra evolución, en el tercer subplano del Plano Mental superior y que proviene de un nivel más elevado, del Plano Mental Cósmico, plano de maravilloso amor e inteligencia en el cual se encuentra el Cuerpo Causal del Logos Solar. El logos Solar o entidad que se manifiesta "materialmente" mediante un sistema solar puede ser considerado como manifestación de Dios en relación a nosotros, tal es su altura maravillosa.


El objetivo de meditar sobre el Ángel Solar o Ego es que la “Fría y Clara Luz de la Cabeza”, en palabras de El Tibetano, se expanda. Este fuego Manásico sería el punto central dentro de nuestra cabeza donde se reúnen otros dos fuegos: el Fuego de la Mónada o Espíritu (Fuego Eléctrico), que representa al Padre o Voluntad espiritual amorosa, el cual penetra en nosotros a través del Chakra Coronario y, por otra parte, el Fuego por Fricción o Kundalini que sube por los nadis de la columna vertebral a confluir en la cabeza con el Fuego Manásico y con el Fuego Eléctrico. Esta fusión de los tres fuegos, después de ardua labor, es la que causa la realización total espiritual que recibe distintos nombres (Iluminación, Samadhi, etc.) en los distintos misticismos de las diversas religiones.


En resumen, el objetivo de esta meditación en la fría y clara luz de la cabeza (como la describe El Tibetano en otro lugar) es la confluencia de los tres fuegos dentro de los centros que existen en la cabeza: el de la Mónada (Fuego Eléctrico), representando a la Voluntad o el Padre, el del Ego, (Fuego Manásico o Solar) que representa la Sabiduría amorosa o al Hijo y el de la Personalidad o cuerpos inferiores (Fuego por Fricción), Inteligencia Activa o Espíritu Santo en términos religiosos exotéricos.


Este (El Ángel Solar) “se recoge en sí mismo, no disipa su fuerza” en “profunda meditación”, nos dice la regla. Lo hace para conseguir un estado en que se “comunica con su reflejo”. Veamos, ¿Quién es su reflejo? Su reflejo no es otro que la Personalidad compuesta del cuerpo Físico -que incluye el etérico-, el Astral o cuerpo emocional y el cuerpo Mental inferior -el que empleamos normalmente en las argumentaciones y en la ciencia-. Ésta, la Personalidad tiene que ser elevada, iluminada, purificada y dinaminazada vibratoriamente con las vibraciones superiores del Ángel Solar, Ego o Alma, hasta que se unifique con ella y la Personalidad obedezca al Alma y no a los factores materiales exteriores como el egoísmo, vanidad, ambición y violencia, por citar sólo algunos de los más nefastos.


Quiero cumplir el objetivo de parquedad, pues sólo pretendo despertar el interés por un trabajo largo y laborioso que es necesario realizar por uno mismo. No es cuestión de leer como nos tiene acostumbrados el intelectualismo occidental. Ni siquiera de leer y pensar un poco, sino de reflexionar profundamente lo que se lee, de meditar largamente (técnicas y formas de meditación y luego de contemplación) y de llevar una vida de purificación de lo inferior y de servicio a la humanidad, al mismo tiempo que se trata de captar con la intuición superior (Alma) las verdades profundas de la Sabiduría de las Edades.

Por tanto sólo resta decir cómo efectúo, por mi parte, esta meditación por si a alguien puede servirle: Después de respirar rítmicamente, alternativamente por ambas fosas nasales tal como se describe en cualquier tratado o información sobre Pranayama, colocarse con la columna recta, las piernas apoyadas en el suelo en paralelo, sentados. Las manos sobre las rodillas. Concentrar la atención interior con los ojos cerrados visualizando esa "fría y clara luz de la cabeza" y permanecer en ella con atención suave sin permitir que ningún pensamiento interrumpa esta contemplación. Precisamente el volver a la suave contemplación de esta luz de la cabeza es el método para no seguir ningún pensamiento que ocurra en la mente.

No existen atajos. El camino del progreso interior es de una gran voluntad y persistencia y de un régimen de vida íntegro y de perseguir la hermandad universal o Fraternidad.

Juan Dianes Rubio.