Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan incluso por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

domingo, 27 de septiembre de 2015

La importancia de educar correctamente nuestras emociones



El CUERPO ASTRAL DE HOMBRE MENTALMENTE EVOLUCIONADO

La importancia del llamado cuerpo astral para la evolución espiritual y para la salud del cuerpo físico es fundamental si queremos progresar tanto en el sentido espiritual como en todos los demás sentidos que atañen a nuestra vida en la Tierra.

Voy a insertar hoy un largo texto tomado del libro de Arthur Powell, El Cuerpo Astral, libro absolutamente clarificador para todo el que quiera poseer las nociones básicas pero profundas del Camino o sabiduría eterna.
Por no hacer demasiado largo este artículo sólo diré que existe una íntima conexión entre los cuerpos Causal, donde están los principios manásicos (inteligencia superior), búdico (sabiduría y amor superiores) y átmico (voluntad suprema del ser) y los cuerpos Mental inferior (capacidad discursiva o de razonamiento), Astral (emociones, sentimientos), Etérico (vitalidad biológica, sexual-reproductiva, etc.) y el cuerpo Físico (soporte de todos los demás en conexión con el mundo físico).

Los tres principios del cuerpo Causal, enunciados primero, pertenecen al Ego superior o Yo real, llamada también alma en el sentido superior; no el alma que está más en contacto con el cuerpo e imbuida de las preocupaciones externas por la vida. Esta última corresponde a la personalidad o yo inferior, ni siquiera a la individualidad que es fruto del segundo nacimiento, cuando el Ego superior controla a la personalidad y al cuerpo (esto último explicado en términos del Cuarto Camino de Gurdjieff y del Quinto Camino de Mouravieff.)

Lo que se ve claro en este largo texto (por no mutilar partes esenciales) es la influencia del cuerpo astral, por una parte en la salud del cuerpo físico y, por otra, en la paz y desarrollo del Ego superior o Yo real.

Es decir, el cuerpo astral si no está correctamente desarrollado y controlado por los principios superiores (Cuerpo Causal), puede impedir con sus olas de emocionalidad: mal carácter, pesadumbres, negatividad, malos pensamientos de otros, egoísmo, agresividad, etc. todo desarrollo superior y causar, además, la ruina de la salud del cuerpo físico como observamos hoy en tantas personas que no saben si acudir al médico o al psiquiatra intuyendo que sus emociones sin control están acabando con ellas.

Arthur Powell en su obra El Cuerpo Astral describe magistralmente este cuerpo en diversos diversos tipos de seres humanos según su evolución interior.


"Las características dominantes de los tres tipos ilustrados, el salvaje, el hombre vulgar y el hombre evolucionado, se pueden compendiar como sigue:
 
Tipo salvaje: Son conspicuos en gran medida el sensualismo, el engaño, el egoísmo y la codicia; la ira violenta está implicada por manchas y salpicaduras de escarlata opaco; muestra pocos afectos; el intelecto y el sentimiento religioso que aparezcan será de la clase más inferior. El delineamiento del cuerpo astral es irregular y los colores borrosos, densos y pesados.

 
Todo el cuerpo aparece, evidentemente, mal regulado, confuso y desordenado.

 
El hombre vulgar: El sensualismo, aunque menos, es todavía prominente; el egoísmo lo es también, y aparece cierta capacidad para el engaño con fines personales; aunque el verde empieza a dividirse en dos calidades distintas, demostrando que la astucia se está transformando gradualmente en adaptabilidad. La cólera está todavía marcada; los afectos, el intelecto y la devoción son más aparentes y de calidad superior.
 

Los colores, en general, están más claramente definidos, son más brillantes, aunque ninguno es perfectamente limpio. El delineamiento del cuerpo es más definido y regular.
 

El hombre evolucionado: Las cualidades indeseables han desaparecido casi completamente; a través de la parte superior del cuerpo hay una franja de color lila, indicadora de aspiración espiritual; sobre la cabeza, y envolviéndola, aparece una nube de color amarillo brillante de intelecto; debajo hay una ancha franja del azul de la devoción; luego, a través del tronco, se ve una franja todavía más ancha del rosa de los afectos, y en la parte inferior del cuerpo, se encuentra una gran cantidad de verde de adaptabilidad y de simpatía. Los colores son brillantes, luminosos, en bandas claramente marcadas; el delineamiento del cuerpo está bien definido y da la impresión de estar bien ordenado y bajo perfecto dominio.
 

Aunque en esta obra no vamos a tratar del cuerpo mental, hemos de decir que a medida que el hombre progresa, su cuerpo astral se parece cada vez más al cuerpo mental, hasta que deviene casi el reflejo de éste en la materia más grosera del plano astral. Esto, naturalmente, indica que la mente del hombre domina del todo los deseos del mismo, y no es probable que sea arrastrado por impulsos emotivos. Un hombre así estará, indudablemente, sujeto a irritabilidad ocasional y a anhelos indeseables de varias clases, pero sabe lo bastante para reprimir estas bajas manifestaciones y no ceder a ellas.
 

En una etapa más avanzada, el cuerpo mental mismo deviene un reflejo del cuerpo causal, puesto que el hombre, entonces, aprende a responder únicamente a los impulsos del Ser superior, el Ego, y guiar sus razonamientos por ellos exclusivamente.
 

De manera que el cuerpo mental y el astral de un Arhat no sólo poseerán coloración característica propia, sino que serán reproducciones de los colores del cuerpo causal, hasta donde las octavas inferiores de dichos cuerpos puedan expresarlos. Son colores bellamente iridiscentes, con una especie de efecto de madreperla opalescente, que es imposible describir o representar.
 

Un hombre evolucionado tiene en su cuerpo astral cinco grados de vibración; el hombre vulgar muestra a lo menos nueve grados, con mezcla de varios tonos además. Muchas personas tienen 50 ó 100 grados, de manera que la entera superficie está cubierta de una infinidad de pequeños remolinos y de corrientes entrecruzadas; todas batallando unas contra otras en loca confusión. Esto es resultado de emociones y preocupaciones innecesarias; por lo común, los occidentales acusan tal condición, la cual es causa de que disipen gran parte de su energía.
 

Un cuerpo astral que vibre de cincuenta maneras distintas al mismo tiempo, no sólo es feo, sino una grave molestia. Se lo puede comparar a un cuerpo físico que sufre una parálisis grave, con todos los miembros sacudiéndose simultáneamente en diferentes direcciones. Tales efectos astral es son contagiosos y afectan a toda persona sensitiva que se acerque, la cual siente una dolorosa sensación de inquietud y preocupación. Precisamente porque millones de seres humanos se sienten innecesariamente agitados por toda clase de torpes deseos y sentimientos, es tan incómodo para una persona sensitiva vivir en una gran ciudad o mezclarse con la multitud. Las perturbaciones astrales constantes pueden llegar a afectar al doble etérico y dar origen a enfermedades nerviosas.
 

Los centros de inflamación del cuerpo astral son como los tumores del cuerpo físico; no sólo agudamente incómodos, sino también puntos débiles por los cuales se disipa la vitalidad.Además, no ofrecen resistencia efectiva alguna contra las malas influencias, a la vez que impiden que las buenas sean provechosas. Esta condición está dolorosamente generalizada; el remedio está en eliminar las preocupaciones, el temor y el fastidio. El estudiante de ocultismo ha de evitar, bajo todas las circunstancias, sentimientos personales que puedan ser afectados."
 

(Arthur Powell, El Cuerpo Astral).