Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan, incluso, por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

jueves, 23 de junio de 2011

Libertad y consejo


El dar consejos, el intentar consolar, el procurar que mediante nuestra intervención bienintencionada llena de ganas de evitar el sufrimiento de  un amigo podamos arreglar lo que hace sufrir a una persona o evitar que llegue a su vida lo funesto y la haga desgraciada es, en principio, una de las tareas más difíciles entre las que puede encarar cualquiera de nosotros.

Por una parte, nos encontramos con que la libertad es algo fundamental y la persona que está en dificultades ha de pedir ese consuelo o esa ayuda de alguna manera o al menos mostrar -y que lo veamos claramente- que está abierta y va a ser mínimamente receptiva a la ayuda que queremos ofrecerle. Entre personas adultas, libres y responsables ha de ser así. La persona ha de aprender por sí misma. Eso incluye que si pide consejo se le de, pero es ella la que debe decidir en última instancia, nunca nosotros por ella.

El motivo profundo de esto último es que si no obramos libremente nunca aprenderemos a ser responsables y a tener verdaderas experiencias que nos enriquezcan. Es así ya pues la mayoría de las veces no despertamos hasta que aprendemos por nosotros mismos tomando nuestras decisiones; aunque nos equivoquemos y suframos las consecuencias o precisamente por eso.

Por otra parte, los asuntos de la vida son tan serios en muchas ocasiones que nadie por nosotros puede decidir. Sí que pueden orientarnos y debemos buscar consejo antes de decidir, pero, repito, la última decisión ha de ser nuestra; no debemos delegar en nadie nuestra libertad pues no debemos luego echar la culpa a nadie de las consecuencias sino sólo a nosotros mismos.

jueves, 26 de mayo de 2011

¿Colonización o liberación?



“Colonización” significa la ocupación de un espacio -el del colonizado- por un grupo -el colonizador-, aplicándose a grupos humanos y a los de otras especies. En el caso humano y aplicado a la cultura es la influencia o dominación de una cultura por otra. Yo veo la colonización cultural íntimamente relacionada con los conceptos de “identidad”, “alteridad”, “ideología” y “utopía”.

No existe pueblo sin identidad y ésta se manifiesta en el “imaginario social”, que constituye su mentalidad, conciencia colectiva o ideología. Sin embargo, éste, evoluciona y cambia. Todo lo quieto y petrificado está muerto. De aquí que la alteridad o lo extraño a una cultura ha de vivificar a ésta siempre que lo haga de modo natural, voluntario y aceptado.

¿Cuándo existen claros indicios de colonización cultural?

Hay colonización cultural cuando estos elementos extraños a una cultura se implantan en ella por el atolondrado seguimiento de modas o tendencias artísticas, intelectuales, filosóficas o ideológicas impulsadas por mecanismos de control de masas. Cuando existe el prejuicio de la superioridad de lo ajeno sobre lo propio. Cuando los intereses de ciertos grupos fomentan este aceptar atolondrado. Cuando se margina a los que no se someten a estas modas.

La utopía trata de actualizar las potencialidades de un pueblo que esté anquilosado en unas tradiciones usadas para esclavizarlo. Facilita el alcanzar una identidad enriquecida con lo nuevo que potencie los valores de este pueblo. La ideología y la utopía se complementan porque parten del mismo suelo referencial de la identidad cultural, realidad no petrificada ni dogmática.

El juego entre identidad y alteridad a nivel de la persona es análogo a la dialéctica que mantienen a nivel de pueblo o comunidad el binomio ideología y utopía. Por una parte, la identidad y la ideología representan los valores actuales que mantienen la unidad narrativa de la persona o de la comunidad, -el modo de entenderse a sí mismas- respectivamente. Por otro lado, la alteridad y la utopía es lo ajeno, que viene de fuera, a interactuar con la identidad y la ideología y a enriquecerlo o bien corromperlo, según los casos.

Depende de en qué parte se sitúe lo esclerotizado y lo esclavizante, para que se de este enriquecimiento o liberación de las identidades personales o grupales o bien se inauguren nuevas servidumbres esclavizantes, ante aquello -aparentemente utópico- que adviene para colonizar una cultura, sin haber sido llamado, ni deseado, ni responder a los auténticos bienes y valores del ser humano.

En nuestro confuso mundo debemos estar despiertos a todo aquello que, bajo disfraz de lo nuevo, introduzcan falsas utopías de felicidad en relación a la persona, la familia, el arte, las cosmovisiones... y saber discernir si en verdad es algo que colabora a la liberación de tradiciones esclavizantes presentes en nuestra cultura (que las hay) o se trata de tendencias falsamente liberadoras que tratan de disolver aquello que necesitamos para realizarnos personal, familiar, social y espiritualmente.

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Qué es el miedo? ¿Cómo mantener nuestra identidad firme ante él?



El miedo es la confrontación en nuestra mente de dos estados o situaciones. Una corresponde a la situación actual que un determinado sujeto vive y en la cual se posee un bien de cualquier naturaleza que se aprecia, por ejemplo, una familia que se ama, un buen trabajo, la salud, etc. La otra situación que se confronta con la primera es aquella en que uno empieza a ser víctima de pensamientos en que nos vemos, por cualquier causa, con probabilidades de perder ese bien que disfrutamos y que tanto apreciamos.

De esta posibilidad o temor de pérdida -real o imaginaria- nace un estado de angustia e inquietud que se transforma en un sufrimiento interior constante y que puede hacer estragos incluso en nuestro equilbrio psíquico si prosigue y, más tarde, arruinar la propia salud del cuerpo.

Pues bien, no es posible superar este estado sino con una profunda meditación, durante los días que hagan falta, en la cual el sujeto vea si existe algún medio real de impedir la pérdida de este bien luchando por él noblemente y con medios lícitos valientemente hasta el final. Excluyo aquí, naturalmente, los casos extremos que requieren ayuda psiquiátrica o psicológica la cual aconsejo vivamente al que la necesite.

Si no es así, es decir, si no podemos con nuestro afán defender ese bien, es preciso decidirse a vivir sin el mismo y aceptar la pérdida con valentía programando nuestra vida positivamente después de esa pérdida.

Nunca se puede resolver un problema real huyendo de pensarlo conscientemente, buscando evasiones que nos adormecen y no afrontan la realidad. Sólo haciendo frente con valentía al problema por muy terrible que sea podemos tener la posibilidad de mantenernos en una identidad sana y equilibrada prosiguiendo nuestra vida con un gran tono vital y seguir siendo útiles a los demás. De otro modo seremos sujetos que nos habremos hecho un gran daño a nosotros mismos y fuente de pena y sufrimiento para las personas que nos rodean y para el conjunto de la humanidad.

viernes, 11 de marzo de 2011

Identidad y Etica. Implicaciones éticas de la Filosofía de la voluntad


Quisiera exponer en este artículo las dos conclusiones centrales con que cerraba el capítulo de las "Implicaciones éticas de la Filosofía de la voluntad" de mi tesis sobre la constitución ética del Sí mismo en Paul Ricoeur.

A consecuencia de lo árido de una tesis doctoral procuraré aquí aclarar un poco las implicaciones y consecuencias ético-morales que tales conclusiones suponen.

Conclusiones.

1. Cualquier aspecto de nuestra existencia puede favorecer o entorpecer el proyecto de totalidad en el bien o proyecto ético. Éste a su vez repercute y modela nuestra identidad. La identidad, por tanto, con todas sus dimensiones o aspectos está en íntima relación con la ética.

2. Ricoeur define tres modos de intermedialidad según tres capacidades del hombre: la razón que busca la verdad, la acción cuyo objeto es el bien y el sentimiento (corazón) como síntesis o intermedialidad total del hombre. El corazón es el centro electivo del yo que “mira” al ideal de “vida buena”, es decir, la voluntad que libremente ama y sigue el bien manteniendo responsablemente las fidelidades en los compromisos, (ser responsable como cuarta manifestación de las capacidades del sí).

Juan Atº. Dianes Rubio. Identidad y Ética. La Constitución ética del "Sí Mismo" en la Filosofía de Paul Ricoeur, Universidad de Cádiz, año 2003; pág. 104.


Punto 1.- Nuestro pensar, sentir y actuar en la vida, es decir "Cualquier aspecto de nuestra existencia" tiene su repercusión en lo que vamos siendo por dentro, en nuestro desarrollo como seres humanos que viven y practican la solidaridad o, por el contrario, seres humanos que se transforman en la cristalización mortal de la separatividad y el egoísmo. No creo que esto sea demasiado dificil de comprender. Nada de lo que hacemos es en realidad indiferente, o está hecho con amor a nosotros mismos y a los demás o está hecho con egoísmo, resentimiento y odio o, con lo que es casi equivalente, la indiferencia y desamor que mata el espíritu por mucho que lo disfracemos.

Punto 2.-  Hay que aclarar primero que el concepto vulgar de voluntad la considera algo árido y frío, sin embargo toda la psicología moderna de la motivación, la voluntad y la emocionalidad  ha resaltado el componente amoroso o del sentimiento de la misma.

Este punto viene a decir que el corazón, es decir, la voluntad, es el punto central y el punto que elige lo que vamos a ser éticamente. En este sentido sólo la voluntad puede libremente seguir el bien y actuar en consecuencia o mantenerse insolidarios y egoístas.

domingo, 6 de marzo de 2011

Razón, hermandad y libertad frente a dogmatismo y violencia


Lo que han experimentado Túnez y Egipto -que aún es un proceso incierto pero potente-, lo que experimenta Libia, lo que ya experimentó la antigua Unión Soviética y, de alguna manera, lo que espera a todos aquellos dirigentes, partidos, personas particulares o Estados que se apoyan en la violencia y no en la razón es lo que aparece sintetizado en este pequeño fragmento textual del gran filósofo Inmanuel Kant.

Todos aquellos que defienden cualquier tipo de violencia como forma política ideológica o cultural de actuación frente a los problemas del mundo; que defienden formas teóricas o doctrinales, en suma, que no tengan por principio que la persona por su propia naturaleza, es algo sagrado y objeto del mayor amor, respeto y atención que podamos ofrecer, es decir, los que profesan o defienden cualquier tipo de ideología permeada de desprecio, odio o rechazo del semejante por razones de tipo ideológico, religioso, sexual, político o racial no están en el camino de las correctas relaciones humanas.

Lo que dice Kant se refiere propiamente a los Estados pero es extrapolable en sentido ético a las relaciones entre todo tipo de grupos o comunidades, si tenemos en cuenta que las relaciones entre personas o grupos pueden ser, en esencia, de dos clases: o bien de separatividad o bien de armonía bajo el imperativo de la auténtica justicia con base ética.

"Un estado civil de derecho (político) es la relación de los hombres entre sí en cuanto están comunitariamente bajo leyes de derecho públicas (que son en su totalidad leyes de coacción). Un estado civil ético es aquel en el que los hombres están unidos bajo leyes no coactivas, esto es: bajo meras leyes de virtud.

Ahora bien, así como al primer estado es contrapuesto el estado de naturaleza en cuanto al derecho (que no es siempre por ello un estado conforme a derecho), esto es: el estado de naturaleza jurídico, así del último se distingue el estado de naturaleza ético. En ambos cada hombre se da a sí mismo la ley, y no hay ninguna ley externa, a la cual se reconozca sometido junto con todos los otros. En ambos cada hombre es su propio juez, y no hay ninguna autoridad pública poseedora del poder, que según leyes determine con fuerza de derecho lo que en los casos que se presentan es deber de cada uno y lleve ese deber a general ejercicio."

(Inmanuel Kant, La religión dentro de los límites de la mera razón, Alianza Editorial, pág. 95-96.)