Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan, incluso, por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

lunes, 28 de enero de 2013

Identidad y felicidad





¿Existe la Identidad o somos un ramillete de variados pensamientos, sentimientos y sensaciones como quería Hume? ¿Existe la felicidad o nos limitamos a la satisfacción momentánea de cada deseo, lo cual nos deja luego con mayor vacío del que teníamos? 

Si existe la identidad... ¿en qué consiste? ¿Es el recuerdo de las experiencias, sentimientos y pensamientos tenidos?, ¿Existe un yo que unifica todos estos estados siendo, él plenamente consciente e inalterable aún cuando no tengamos conciencia del mismo salvo en algunos momentos? ¿Cuál será, a su vez, la esencia de la felicidad? ¿A quién daremos la razón? ¿A Epicuro? ¿A Aristóteles?

¿Acaso no debemos preocuparnos sino por el cumplimiento de nuestro deber, con voluntad pura, como quería Kant? ¿Es la felicidad una mezcla de todo ello que manejamos sin tener un auténtico control de nosotros mismos?

Por otra parte, ¿Existen clases de identidad o se trata de una única identidad al menos para cada pueblo o cultura? ¿Cuál es el origen de la constitución de la identidad en nosotros? ¿Exiten clases de felicidad? ¿Existe una fórmula única de la felicidad? ¿Hay en nuestra vida momentos en los que se manifiesta la identidad y la felicidad con plena conciencia? ¿Hay momentos en que no sabemos quienes somos o que nos da igual la felicidad o el sufrimiento?

Finalmente, ¿qué relación existe entre identidad y felicidad? ¿Qué dimensión de la identidad puede realizarnos como personas maduras flexibles comprensivas y felices?

Tratemos de aclarar un poco tantos interrogantes. Nuestra identidad se va constituyendo por la identificación con ideas, costumbres, hábitos, lugares, creencias, grupos, etc. que en el curso de nuestra vida se han presentado a nuestra experiencia o conocimiento. Todas estas identificaciones, las realizamos asumiendo valores morales presentes en toda acción, y narración, por ejemplo, cuando elegimos defender al débil o cuando leemos una buena obra literaria o vemos una película y analizamos moralmente a los personajes. Estos personajes nos llevan al compromiso y a la fidelidad, con un ideal, con unas instituciones o con algún grupo o persona.

Es por esto que nuestra identidad, lo que somos, nos lleva a elegir, a decidir y a defender una causa que creemos justa y valiosa moral y socialmente. Los valores nos hacen elegir entre personas, etnias o grupos necesitados de defensa.

Nos hacen luchar contra ideologías juzgadas dignas de rechazo: ultraderecha, nacionalismos fanáticos, fundamentalismos religiosos, mafias de cualquier tipo, dominio y opresión de un país sobre otros, explotación laboral de los niños, hambre en el mundo, etc. 

Es decir, esta asunción de valores, decisiones y acciones, nos hacen tener una identidad.

En consecuencia, la identidad que se va conformando gracias a nuestro proyecto de vida, tiene la fuerza integradora para hacer que nuestra subjetividad no esté errante, cambiando continuamente de unas ideas y deseos a otros. De aquí se deduce que la parte moral es la dimensión de nuestra persona que la puede constituir en una auténtica identidad feliz. La dimensión más fuerte del "sí-mismo" que determina nuestro proyecto final de felicidad. Esta parte integradora de la identidad esta constituida por la estima de sí junto a la solicitud por el otro, indisociable de la primera.

Según Aristóteles esta estima de sí y solicitud o estima del otro, constituía la base de la amistad que era la fuente de auténtica felicidad. Según Paul Ricoeur, lo que llamamos "corazón" es la síntesis de la dimensión afectiva que resume a su vez, las dimensiones del conocimiento y de la acción, siendo algo intermedio entre la felicidad y el deseo. El "corazón", al abarcar las síntesis de las dos dimensiones restantes del ser humano, a saber, la del conocimiento y la de la praxis o acción, es el centro electivo que, cuando "mira" al ideal de "vida buena" nos remite a la consecución de la felicidad mediada por la justicia, la cual es necesario intentar realizar poco a poco en nuestra vida y en la sociedad mediante el conocimiento y la acción (conducta responsable).

El ser humano busca permanecer en el ser: es lo que Spinoza llamaba el "conatus" o "afirmación originaria" de todo ser. Esta afirmación originaria es un modo de ser de la libertad y se ha de desarrollar en el auténtico desenvolvimiento ético de esta libertad en relación de aprecio y respeto de sí mismo y de los demás. De este modo el "permanecer" auténticamente en el ser o "conatus" depende de la consecución de una auténtica identidad integrada humana y socialmente. Depende de la plenitud de nuestra identidada y de esta plenitud, a su vez, depende el que nos sintamos profundamente -y no superficialmente como es generalmente el caso- felices y realizados.

La conciencia de libertad y la plena posesión de nuestro pasado por nuestra memoria (identidad), según Ricoeur, depende de un tema ético, la confesión y reconocimiento de nuestras culpas y errores y asunción de la responsabilidad correspondiente. Mediante esta auto-posesión plena de nosotros mismos en nuestra memoria y en nuestro sentimiento es realizada la alegría del "sí-mismo" y en consecuencia de una identidad realizada y plena que pueda ser útil a la plenitud y felicidad de los demas.

Sin embargo y, a pesar de todo esto... ¿logra de verdad la acción buena o ética cambiar el mundo o lo que arreglamos en un sentido se pervierte por otra parte?

En definitiva ¿Por qué durante milenios de historia conocida -y se sospecha que sólo conocemos una parte pequeña de la historia real de la humanidad- no hemos conseguido avanzar sino sólo materialmente en pequeña parte permaneciendo el sujeto en los planos morales y espirituales apenas sin cambio?

Estos dos interrogantes son los que nos hemos de plantear muy en serio -y no solamente cuando estamos deprimidos por algún fracaso- y ver si aún no hemos descubierto la auténtica verdad de la vida y su finalidad, es decir, no hemos dado solución a las grandes, profundas y fundamentales preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?

viernes, 25 de enero de 2013

Sobre la ilusión de separatividad



La aparente separatividad que muestran los cuerpos en el exterior y la falsa separatividad psicológica que se experimenta subjetivamente, son sólo una ilusión.

Los trillones de átomos irradiantes de energía de nuestros cuerpos  se comunican a través de los átomos del aire con los átomos de los demás cuerpos.

Nuestras radiaciones se interpenetran con las de los demás. Igual ocurre con las radiaciones emocionales y mentales.

La inmensa energía que nos penetra y nos circunda es de todos y repercute en todos.

El inconsciente colectivo de la humanidad construido durante eones de tiempo es, como dice su adjetivo, “colectivo”, común.

Por otra parte, la cultura es compartida, existiendo también unas pautas o caracteres humanos que van más allá de los países y de los continentes: deseos, emociones, reacciones, genética, cultura global…

La humanidad despertará un poco de su sueño egoísta, individualista y de separatividad cuando sea consciente de todo esto y abandone el tremendo egoísmo y violencia que nos caracteriza en los enfrentamientos que mantenemos a nivel de individuos, de grupos y de unos pueblos con otros.

Todo lo que hacemos mal, al final nos repercute: es lo que llamamos Karma, que no es otra cosa que la ley de casualidad vigente tanto en física como en psicología como, extendiéndose en el tiempo, traspasando los límites de las vida personales de cada uno.

Todo lo que hacemos bien, al final, también lo recibimos.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Identidad y sabiduría




La identidad, cuando se convierte en un fuego cerebral ardiente nos lleva a la perdición.

Nunca ha estado la verdad ni la profundidad de la sabiduría en ninguna identificación, pues toda identificación se aleja de la sabiduría y se acerca en mayor o menor grado a la adscripción partidista como primer escalón de la subida que lleva a todo fanatismo desde el principio de los tiempos.

Toda postura surge de alguna fuente de pensamiento -o de no pensamiento cuando se trata de algún sentimiento o emoción que no se hace consciente-; de un pensamiento que, naturalmente, tiene sus antecedentes y su historia, siendo por lo tanto esa postura u opinión absolutamente determinado o limitada en su naturaleza y propiedades de verdad.

Por esto, el "intervenir no interviniendo" es la posición en la vida del que actúa, es benevolente, hace lo que puede por sus semejantes en cada circunstancia, pero no ideologiza, no elucubra, no pretende que su posición vaya a causar un bien absoluto ni que no tenga alguna sombra de mal en sus consecuencias, aunque sean lejanas. 

En este mundo no hay nada perfecto y todo, incluso el bien que hacemos, se puede convertir en mal de alguna forma. Todo polo genera un anti-polo, toda idea su idea opuesta, toda adscripción sus oponentes.

Es por esto que el verdadero estilo intelectual y vital, huye de posturas demasiado "enrocadas". El ser demasiado "creyentes" en un sólo polo de la realidad, no produce ningún bien al mundo. 

Es necesario comprender que la razón plena es raro que esté en una sola postura dentro de los asuntos metafísicos, religiosos, sociales, económicos, políticos e, incluso científicos. Con un sólo polo no circula la electricidad, hacen falta los dos polos, el Yin y el Yan, lo masculino y lo femenino, la luz y la oscuridad.

martes, 26 de junio de 2012

Valorarnos como seres humanos


Si valorásemos de verdad al ser humano, simplemente por ser humano, no discriminaríamos a nadie. El discriminar seres humanos proviene de inmadurez en la tabla de valores que alguien profesa.

Si su tabla de valores empieza por el dinero, discriminará según este canon. Si lo es la belleza, clasificará según este patrón. Si es un prejuicio de raza o de creencia, sucederá lo mismo: pondrá en el inferior nivel a los que pertenecen a la raza que no valora o a los que no creen lo mismo que él .

Cuando reflexionamos de verdad sobre la Unicidad de la realidad y sobre su consecuencia, es decir, que todos formamos parte del mismo Universo y estamos todos conectados, entonces valoramos a toda persona como si fuésemos nosotros mismos, aún en el caso de pensar que alguien necesita evolucionar en algún sentido; sin embargo, no nos consideramos más valiosos por eso.

Hay muchas personas que nos sobrepasarán depende en qué aspecto y, en este caso, no nos sentimos inferiores a ellos o no deberíamos sentirnos. Hagamos lo mismo cuando se trata del caso contrario.

En resumen, el valor esencial es: SER HUMANOS.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los diversos componentes de la Identidad


Todo ser humano nace en un grupo por pequeño que sea. Al menos necesita una familia o unos seres que le engendren y cuiden en los primeros años de su vida. Todo individuo pertenece normalmente a un grupo, tiene una identidad, pertenece a una etnia, vive en un determinado país o comunidad. Todo individuo tiene en mayor o menor medida una identidad grupal.

Para poder delimitar nuestra identidad grupal es necesario primero tener claros ciertos presupuestos ontológicos, es decir, presupuestos sobre el ser. El concepto de ser es el concepto metafísico por excelencia abstracto que ya fue objeto de la filosofía magistral de Platón o de Aristóteles, entre otros.

En el caso del ser humano (objeto de la Antropología), básicamente partimos de una reflexión general sobre la identidad para aplicarla luego a las unidades identitarias como pueden ser una persona, un grupo, un país, una raza, etc.

Una precisión previa viene dada por el hecho de que utilizamos el término identidad por ser más habitual, pero el vocablo correcto -tomado de la filosofía de la identidad de Paul Ricoeur, es el de ipseidad. La ipseidad hace referencia a una identidad contemplada en su desenvolvimiento en el tiempo, es decir, teniendo en cuenta, por tanto, la perspectiva diacrónica y los cambios que se suceden en esta identidad permaneciendo, no obstante, de alguna manera el mismo sujeto considerado en esencia o fundamentalmente. 

De este modo, la identidad-ipseidad puede ser considerada como esa energía viva integradora que da unicidad a todo ente manteniéndolo, sin embargo, relacionado con todos los demás entes.

En el caso del ser humano, por ser un ente tan complejo y poseer auto-conciencia, en mayor o menor medida, la identidad es vivida subjetivamente con mayor o menor intensidad, con mayor o menor verdad, respecto de lo que en realidad somos y lo que representamos para los demás seres que nos rodean. Estos sencillos parámetros se pueden aplicar al caso de una identidad (o entidad) grupal.

Lo primero a destacar es que, estando compuesta toda entidad auto-rreflexiva por diversos parámetros, es necesario tenerlos todos en cuenta.

Entre estos parámetros es necesario considerar globalmente dos grupos, los que se refieren a la manifestación física de esa entidad y los que se refieren a su personalidad o existencia psíquica.

En cuanto a la manifestación material de una identidad colectiva en medio de la sociedad es necesario tener en cuenta, al menos, cuatro tipos de elementos. En primer lugar, lo estrictamente manifestado como fuerzas personales en el mundo, ya que la identidad fundamental de todo grupo se exterioriza en un grupo de personas que es necesario analizar en dos vertientes: por una parte en el promedio tipo de personas que normalmente son idóneas para esta entidad y, por otro, en el tipo de personas que a lo largo de la historia de la entidad ha pertenecido de algún modo a ella. 

En segundo lugar, habría que hablar también de su manifestación material en cuanto al lugar o ubicación: dónde ha tenido su enclave y los cambios sufridos, la calidad de este enclave, etc.

Un tercer apartado a estudiar es si ha contado con medios suficientes de difusión. También habría que analizar las reacciones de las instituciones, personas y entidades de todo tipo de su entorno respecto de ella.

En cuanto a la naturaleza psíquica de la entidad, hay que tener en cuenta su grado de integración, es decir, también la existencia de disensiones en su historia y su homogeneidad pasada y actual. La identidad se manifiesta con mayor fuerza cuanto más integrada está; sin embargo, si esta integración es superficial, está
establecida sobre falsas bases o no responde a su auténtica naturaleza, no es productiva.

También pertenece a este ámbito las líneas mentales de su naturaleza. Para ello habremos de analizar sus frutos intelectuales para ver cómo responden en concreto a su identidad fundamental y en qué grado responden a ella o se han desviado de su naturaleza. Esto último se relaciona directamente con el problema de los objetivos: el asunto de los objetivos de cualquier ente es fundamental y, si no tiene objetivos, habría que considerar tal situación como un objetivo en sí mismo.

Quede aquí este breve bosquejo de los parámetros o elementos que configuran la identidad tanto colectiva como personal. A partir de aquí este esquema puede ser aplicado a naciones, bloques de naciones, instituciones, personas... Quede este trabajo para algún otro artículo posible.