Los ciegos ante el ser trascendente
“Los ciegos para el Ser pasan, incluso, por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger
viernes, 28 de marzo de 2014
Desmoralización
Cuando al ser humano le falta la energía superior, que es lo que sustenta en lo más profundo nuestra psique, lo que nos da fuerzas y consuelo interior, todo es posible en cuanto a degradación moral y de toda la personalidad.
Es como si descendiésemos a planos energéticos y de vida inferiores donde rigen otras reglas contra nuestra naturaleza y donde lo pasamos mal y nos lo hacen pasar mal. Y todo esto sin abandonar el mismo entorno físico, social...
Aparentemente la vida es la misma. Nada ha cambiado. Sigue funcionando la gravedad y sale el sol cada mañana, pero, sin embargo nos va comiendo interiormente lo que Ortega y Gasset llamaba "desmoralización".
Es una componente humana energética y ética a un tiempo. Es una situación difícl de superar. Sólo se logra salir de ella cambiando nuestro comportamiento vital de un modo fundamental.
Esta situación proviene del egocentrismo. Es la clave que nos hace descender energética y éticamente; si no inmediatamente, sí a medio o largo plazo con total seguridad. Es cuando, en lugar de perseguir la auténtica solidaridad y unión, la ayuda mutua, el no ambicionar sino lo que honradamente tenemos y compartirlo con los demás, se persiguen los principios del tener, poder y valer que Ricoeur citaba como el fundamento de toda degeneración humana.
lunes, 28 de enero de 2013
Identidad y felicidad
¿Existe la Identidad o somos un ramillete de variados pensamientos,
sentimientos y sensaciones como quería Hume? ¿Existe la felicidad o nos
limitamos a la satisfacción momentánea de cada deseo, lo cual nos deja
luego con mayor vacío del que teníamos?
Si existe la identidad... ¿en qué
consiste? ¿Es el recuerdo de las experiencias, sentimientos y
pensamientos tenidos?, ¿Existe un yo que unifica todos estos estados
siendo, él plenamente consciente e inalterable aún cuando no tengamos
conciencia del mismo salvo en algunos momentos? ¿Cuál será, a su vez, la
esencia de la felicidad? ¿A quién daremos la razón? ¿A Epicuro? ¿A
Aristóteles?
¿Acaso no debemos preocuparnos sino por el cumplimiento de nuestro deber, con voluntad pura, como quería Kant? ¿Es la felicidad una mezcla de todo ello que manejamos sin tener un auténtico control de nosotros mismos?
Por otra parte, ¿Existen clases de identidad o se trata de una única identidad al menos para cada pueblo o cultura? ¿Cuál es el origen de la constitución de la identidad en nosotros? ¿Exiten clases de felicidad? ¿Existe una fórmula única de la felicidad? ¿Hay en nuestra vida momentos en los que se manifiesta la identidad y la felicidad con plena conciencia? ¿Hay momentos en que no sabemos quienes somos o que nos da igual la felicidad o el sufrimiento?
Finalmente, ¿qué relación existe entre identidad y felicidad? ¿Qué dimensión de la identidad puede realizarnos como personas maduras flexibles comprensivas y felices?
Tratemos de aclarar un poco tantos interrogantes. Nuestra identidad se va constituyendo por la identificación con ideas, costumbres, hábitos, lugares, creencias, grupos, etc. que en el curso de nuestra vida se han presentado a nuestra experiencia o conocimiento. Todas estas identificaciones, las realizamos asumiendo valores morales presentes en toda acción, y narración, por ejemplo, cuando elegimos defender al débil o cuando leemos una buena obra literaria o vemos una película y analizamos moralmente a los personajes. Estos personajes nos llevan al compromiso y a la fidelidad, con un ideal, con unas instituciones o con algún grupo o persona.
Es por esto que nuestra identidad, lo que somos, nos lleva a elegir, a decidir y a defender una causa que creemos justa y valiosa moral y socialmente. Los valores nos hacen elegir entre personas, etnias o grupos necesitados de defensa.
Nos hacen luchar contra ideologías juzgadas dignas de rechazo: ultraderecha, nacionalismos fanáticos, fundamentalismos religiosos, mafias de cualquier tipo, dominio y opresión de un país sobre otros, explotación laboral de los niños, hambre en el mundo, etc.
Es decir, esta asunción de valores, decisiones y acciones, nos hacen tener una identidad.
En consecuencia, la identidad que se va conformando gracias a nuestro proyecto de vida, tiene la fuerza integradora para hacer que nuestra subjetividad no esté errante, cambiando continuamente de unas ideas y deseos a otros. De aquí se deduce que la parte moral es la dimensión de nuestra persona que la puede constituir en una auténtica identidad feliz. La dimensión más fuerte del "sí-mismo" que determina nuestro proyecto final de felicidad. Esta parte integradora de la identidad esta constituida por la estima de sí junto a la solicitud por el otro, indisociable de la primera.
Según Aristóteles esta estima de sí y solicitud o estima del otro, constituía la base de la amistad que era la fuente de auténtica felicidad. Según Paul Ricoeur, lo que llamamos "corazón" es la síntesis de la dimensión afectiva que resume a su vez, las dimensiones del conocimiento y de la acción, siendo algo intermedio entre la felicidad y el deseo. El "corazón", al abarcar las síntesis de las dos dimensiones restantes del ser humano, a saber, la del conocimiento y la de la praxis o acción, es el centro electivo que, cuando "mira" al ideal de "vida buena" nos remite a la consecución de la felicidad mediada por la justicia, la cual es necesario intentar realizar poco a poco en nuestra vida y en la sociedad mediante el conocimiento y la acción (conducta responsable).
El ser humano busca permanecer en el ser: es lo que Spinoza llamaba el "conatus" o "afirmación originaria" de todo ser. Esta afirmación originaria es un modo de ser de la libertad y se ha de desarrollar en el auténtico desenvolvimiento ético de esta libertad en relación de aprecio y respeto de sí mismo y de los demás. De este modo el "permanecer" auténticamente en el ser o "conatus" depende de la consecución de una auténtica identidad integrada humana y socialmente. Depende de la plenitud de nuestra identidada y de esta plenitud, a su vez, depende el que nos sintamos profundamente -y no superficialmente como es generalmente el caso- felices y realizados.
La conciencia de libertad y la plena posesión de nuestro pasado por nuestra memoria (identidad), según Ricoeur, depende de un tema ético, la confesión y reconocimiento de nuestras culpas y errores y asunción de la responsabilidad correspondiente. Mediante esta auto-posesión plena de nosotros mismos en nuestra memoria y en nuestro sentimiento es realizada la alegría del "sí-mismo" y en consecuencia de una identidad realizada y plena que pueda ser útil a la plenitud y felicidad de los demas.
Sin embargo y, a pesar de todo esto... ¿logra de verdad la acción buena o ética cambiar el mundo o lo que arreglamos en un sentido se pervierte por otra parte?
En definitiva ¿Por qué durante milenios de historia conocida -y se sospecha que sólo conocemos una parte pequeña de la historia real de la humanidad- no hemos conseguido avanzar sino sólo materialmente en pequeña parte permaneciendo el sujeto en los planos morales y espirituales apenas sin cambio?
Estos dos interrogantes son los que nos hemos de plantear muy en serio -y no solamente cuando estamos deprimidos por algún fracaso- y ver si aún no hemos descubierto la auténtica verdad de la vida y su finalidad, es decir, no hemos dado solución a las grandes, profundas y fundamentales preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy?
viernes, 25 de enero de 2013
Sobre la ilusión de separatividad
La aparente separatividad que muestran
los cuerpos en el exterior y la falsa separatividad psicológica que se
experimenta subjetivamente, son sólo una ilusión.
Los trillones de átomos irradiantes de
energía de nuestros cuerpos se comunican a través de los átomos del
aire con los átomos de los demás cuerpos.
Nuestras radiaciones se
interpenetran con las de los demás. Igual ocurre con las radiaciones
emocionales y mentales.
La inmensa energía que nos penetra y nos circunda es de todos y repercute en todos.
El inconsciente colectivo de la humanidad construido durante eones de tiempo es, como dice su adjetivo, “colectivo”, común.
Por otra parte, la cultura es
compartida, existiendo también unas pautas o caracteres humanos que van
más allá de los países y de los continentes: deseos, emociones,
reacciones, genética, cultura global…
La humanidad despertará un poco de su
sueño egoísta, individualista y de separatividad cuando sea consciente
de todo esto y abandone el tremendo egoísmo y violencia que nos
caracteriza en los enfrentamientos que mantenemos a nivel de individuos,
de grupos y de unos pueblos con otros.
Todo lo que hacemos mal, al final nos repercute: es lo que llamamos
Karma, que no es otra cosa que la ley de casualidad vigente tanto en
física como en psicología como, extendiéndose en el tiempo, traspasando los límites de las vida personales de cada uno.
Todo lo que hacemos bien, al final, también lo recibimos.
lunes, 12 de noviembre de 2012
Identidad y sabiduría
Nunca ha estado la verdad ni la profundidad de la sabiduría en ninguna identificación, pues toda identificación se aleja de la sabiduría y se acerca en mayor o menor grado a la adscripción partidista como primer escalón de la subida que lleva a todo fanatismo desde el principio de los tiempos.
Toda postura surge de alguna fuente de pensamiento -o de no pensamiento cuando se trata de algún sentimiento o emoción que no se hace consciente-; de un pensamiento que, naturalmente, tiene sus antecedentes y su historia, siendo por lo tanto esa postura u opinión absolutamente determinado o limitada en su naturaleza y propiedades de verdad.
Por esto, el "intervenir no interviniendo" es la posición en la vida del que actúa, es benevolente, hace lo que puede por sus semejantes en cada circunstancia, pero no ideologiza, no elucubra, no pretende que su posición vaya a causar un bien absoluto ni que no tenga alguna sombra de mal en sus consecuencias, aunque sean lejanas.
En este mundo no hay nada perfecto y todo, incluso el bien que hacemos, se puede convertir en mal de alguna forma. Todo polo genera un anti-polo, toda idea su idea opuesta, toda adscripción sus oponentes.
Es por esto que el verdadero estilo intelectual y vital, huye de posturas demasiado "enrocadas". El ser demasiado "creyentes" en un sólo polo de la realidad, no produce ningún bien al mundo.
Es necesario comprender que la razón plena es raro que esté en una sola postura dentro de los asuntos metafísicos, religiosos, sociales, económicos, políticos e, incluso científicos. Con un sólo polo no circula la electricidad, hacen falta los dos polos, el Yin y el Yan, lo masculino y lo femenino, la luz y la oscuridad.
martes, 26 de junio de 2012
Valorarnos como seres humanos
Si valorásemos de verdad al ser humano, simplemente por ser humano, no discriminaríamos a nadie. El discriminar seres humanos proviene de inmadurez en la tabla de valores que alguien profesa.
Si su tabla de valores empieza por el dinero, discriminará según este canon. Si lo es la belleza, clasificará según este patrón. Si es un prejuicio de raza o de creencia, sucederá lo mismo: pondrá en el inferior nivel a los que pertenecen a la raza que no valora o a los que no creen lo mismo que él .
Cuando reflexionamos de verdad sobre la Unicidad de la realidad y sobre su consecuencia, es decir, que todos formamos parte del mismo Universo y estamos todos conectados, entonces valoramos a toda persona como si fuésemos nosotros mismos, aún en el caso de pensar que alguien necesita evolucionar en algún sentido; sin embargo, no nos consideramos más valiosos por eso.
Hay muchas personas que nos sobrepasarán depende en qué aspecto y, en este caso, no nos sentimos inferiores a ellos o no deberíamos sentirnos. Hagamos lo mismo cuando se trata del caso contrario.
Hay muchas personas que nos sobrepasarán depende en qué aspecto y, en este caso, no nos sentimos inferiores a ellos o no deberíamos sentirnos. Hagamos lo mismo cuando se trata del caso contrario.
En resumen, el valor esencial es: SER HUMANOS.
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