Los ciegos ante el ser trascendente

“Los ciegos para el Ser pasan, incluso, por ser los únicos que ven de verdad.”
Martin Heidegger

viernes, 25 de enero de 2013

Sobre la ilusión de separatividad



La aparente separatividad que muestran los cuerpos en el exterior y la falsa separatividad psicológica que se experimenta subjetivamente, son sólo una ilusión.

Los trillones de átomos irradiantes de energía de nuestros cuerpos  se comunican a través de los átomos del aire con los átomos de los demás cuerpos.

Nuestras radiaciones se interpenetran con las de los demás. Igual ocurre con las radiaciones emocionales y mentales.

La inmensa energía que nos penetra y nos circunda es de todos y repercute en todos.

El inconsciente colectivo de la humanidad construido durante eones de tiempo es, como dice su adjetivo, “colectivo”, común.

Por otra parte, la cultura es compartida, existiendo también unas pautas o caracteres humanos que van más allá de los países y de los continentes: deseos, emociones, reacciones, genética, cultura global…

La humanidad despertará un poco de su sueño egoísta, individualista y de separatividad cuando sea consciente de todo esto y abandone el tremendo egoísmo y violencia que nos caracteriza en los enfrentamientos que mantenemos a nivel de individuos, de grupos y de unos pueblos con otros.

Todo lo que hacemos mal, al final nos repercute: es lo que llamamos Karma, que no es otra cosa que la ley de casualidad vigente tanto en física como en psicología como, extendiéndose en el tiempo, traspasando los límites de las vida personales de cada uno.

Todo lo que hacemos bien, al final, también lo recibimos.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Identidad y sabiduría




La identidad, cuando se convierte en un fuego cerebral ardiente nos lleva a la perdición.

Nunca ha estado la verdad ni la profundidad de la sabiduría en ninguna identificación, pues toda identificación se aleja de la sabiduría y se acerca en mayor o menor grado a la adscripción partidista como primer escalón de la subida que lleva a todo fanatismo desde el principio de los tiempos.

Toda postura surge de alguna fuente de pensamiento -o de no pensamiento cuando se trata de algún sentimiento o emoción que no se hace consciente-; de un pensamiento que, naturalmente, tiene sus antecedentes y su historia, siendo por lo tanto esa postura u opinión absolutamente determinado o limitada en su naturaleza y propiedades de verdad.

Por esto, el "intervenir no interviniendo" es la posición en la vida del que actúa, es benevolente, hace lo que puede por sus semejantes en cada circunstancia, pero no ideologiza, no elucubra, no pretende que su posición vaya a causar un bien absoluto ni que no tenga alguna sombra de mal en sus consecuencias, aunque sean lejanas. 

En este mundo no hay nada perfecto y todo, incluso el bien que hacemos, se puede convertir en mal de alguna forma. Todo polo genera un anti-polo, toda idea su idea opuesta, toda adscripción sus oponentes.

Es por esto que el verdadero estilo intelectual y vital, huye de posturas demasiado "enrocadas". El ser demasiado "creyentes" en un sólo polo de la realidad, no produce ningún bien al mundo. 

Es necesario comprender que la razón plena es raro que esté en una sola postura dentro de los asuntos metafísicos, religiosos, sociales, económicos, políticos e, incluso científicos. Con un sólo polo no circula la electricidad, hacen falta los dos polos, el Yin y el Yan, lo masculino y lo femenino, la luz y la oscuridad.

martes, 26 de junio de 2012

Valorarnos como seres humanos


Si valorásemos de verdad al ser humano, simplemente por ser humano, no discriminaríamos a nadie. El discriminar seres humanos proviene de inmadurez en la tabla de valores que alguien profesa.

Si su tabla de valores empieza por el dinero, discriminará según este canon. Si lo es la belleza, clasificará según este patrón. Si es un prejuicio de raza o de creencia, sucederá lo mismo: pondrá en el inferior nivel a los que pertenecen a la raza que no valora o a los que no creen lo mismo que él .

Cuando reflexionamos de verdad sobre la Unicidad de la realidad y sobre su consecuencia, es decir, que todos formamos parte del mismo Universo y estamos todos conectados, entonces valoramos a toda persona como si fuésemos nosotros mismos, aún en el caso de pensar que alguien necesita evolucionar en algún sentido; sin embargo, no nos consideramos más valiosos por eso.

Hay muchas personas que nos sobrepasarán depende en qué aspecto y, en este caso, no nos sentimos inferiores a ellos o no deberíamos sentirnos. Hagamos lo mismo cuando se trata del caso contrario.

En resumen, el valor esencial es: SER HUMANOS.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Los diversos componentes de la Identidad


Todo ser humano nace en un grupo por pequeño que sea. Al menos necesita una familia o unos seres que le engendren y cuiden en los primeros años de su vida. Todo individuo pertenece normalmente a un grupo, tiene una identidad, pertenece a una etnia, vive en un determinado país o comunidad. Todo individuo tiene en mayor o menor medida una identidad grupal.

Para poder delimitar nuestra identidad grupal es necesario primero tener claros ciertos presupuestos ontológicos, es decir, presupuestos sobre el ser. El concepto de ser es el concepto metafísico por excelencia abstracto que ya fue objeto de la filosofía magistral de Platón o de Aristóteles, entre otros.

En el caso del ser humano (objeto de la Antropología), básicamente partimos de una reflexión general sobre la identidad para aplicarla luego a las unidades identitarias como pueden ser una persona, un grupo, un país, una raza, etc.

Una precisión previa viene dada por el hecho de que utilizamos el término identidad por ser más habitual, pero el vocablo correcto -tomado de la filosofía de la identidad de Paul Ricoeur, es el de ipseidad. La ipseidad hace referencia a una identidad contemplada en su desenvolvimiento en el tiempo, es decir, teniendo en cuenta, por tanto, la perspectiva diacrónica y los cambios que se suceden en esta identidad permaneciendo, no obstante, de alguna manera el mismo sujeto considerado en esencia o fundamentalmente. 

De este modo, la identidad-ipseidad puede ser considerada como esa energía viva integradora que da unicidad a todo ente manteniéndolo, sin embargo, relacionado con todos los demás entes.

En el caso del ser humano, por ser un ente tan complejo y poseer auto-conciencia, en mayor o menor medida, la identidad es vivida subjetivamente con mayor o menor intensidad, con mayor o menor verdad, respecto de lo que en realidad somos y lo que representamos para los demás seres que nos rodean. Estos sencillos parámetros se pueden aplicar al caso de una identidad (o entidad) grupal.

Lo primero a destacar es que, estando compuesta toda entidad auto-rreflexiva por diversos parámetros, es necesario tenerlos todos en cuenta.

Entre estos parámetros es necesario considerar globalmente dos grupos, los que se refieren a la manifestación física de esa entidad y los que se refieren a su personalidad o existencia psíquica.

En cuanto a la manifestación material de una identidad colectiva en medio de la sociedad es necesario tener en cuenta, al menos, cuatro tipos de elementos. En primer lugar, lo estrictamente manifestado como fuerzas personales en el mundo, ya que la identidad fundamental de todo grupo se exterioriza en un grupo de personas que es necesario analizar en dos vertientes: por una parte en el promedio tipo de personas que normalmente son idóneas para esta entidad y, por otro, en el tipo de personas que a lo largo de la historia de la entidad ha pertenecido de algún modo a ella. 

En segundo lugar, habría que hablar también de su manifestación material en cuanto al lugar o ubicación: dónde ha tenido su enclave y los cambios sufridos, la calidad de este enclave, etc.

Un tercer apartado a estudiar es si ha contado con medios suficientes de difusión. También habría que analizar las reacciones de las instituciones, personas y entidades de todo tipo de su entorno respecto de ella.

En cuanto a la naturaleza psíquica de la entidad, hay que tener en cuenta su grado de integración, es decir, también la existencia de disensiones en su historia y su homogeneidad pasada y actual. La identidad se manifiesta con mayor fuerza cuanto más integrada está; sin embargo, si esta integración es superficial, está
establecida sobre falsas bases o no responde a su auténtica naturaleza, no es productiva.

También pertenece a este ámbito las líneas mentales de su naturaleza. Para ello habremos de analizar sus frutos intelectuales para ver cómo responden en concreto a su identidad fundamental y en qué grado responden a ella o se han desviado de su naturaleza. Esto último se relaciona directamente con el problema de los objetivos: el asunto de los objetivos de cualquier ente es fundamental y, si no tiene objetivos, habría que considerar tal situación como un objetivo en sí mismo.

Quede aquí este breve bosquejo de los parámetros o elementos que configuran la identidad tanto colectiva como personal. A partir de aquí este esquema puede ser aplicado a naciones, bloques de naciones, instituciones, personas... Quede este trabajo para algún otro artículo posible.

sábado, 29 de octubre de 2011

El instrumento de la palabra



La palabra es una "forma" o entidad y como tal posee un alma o contenido. Su cuerpo está compuesto de vibraciones sonoras, su alma es el pensamiento y sentimiento que transmite. En este sentido hay que considerar dos aspectos de la palabra, uno interno y otro externo.

Cuando pensamos algo se produce una emisión de energía o de ondas puramente mentales -y esto está confirmado por la ciencia que capta estas ondas de nuestro cerebro y las presenta en gráficos, imágenes, etc. Es esta una "palabra" interior, una vibración de energía mental más o menos vigorosa. Esta "forma" mental se transmite por el espacio exterior a nosotros llevando sus vibraciones armónicas o inarmónicas para la vida, para otras personas. Por tanto podemos construir y destruir con los pensamientos. Por esto se dice en los evangelios que el que odia a su hermano ya le mató en su corazón.

Con estas "palabras" podemos, por tanto, ayudar a construir un mundo mejor o peor; podemos llenar la atmósfera mental que nos circunda con energía positiva o negativa con las formas mentales positivas -de vida- o negativas -contrarias a la armonía y a la vida-.

En el segundo aspecto, Cuando emitimos físicamente la palabra y otro la escucha, también podemos llevar alegría o tristeza a otros; dar energía o quitarla al que tenemos al lado; animar o desanimar; hablar bien de otros o difamarles creando conflictos graves y menos graves.

Por todo ello, la palabra es una herramienta, es un arma para construir o destruir y aquel que busca un desarrollo consciente de su identidad en el amor y la sabiduría debe estar atento a lo que piensa y a lo que dice con gran responsabilidad.